Los resultados del referéndum del 23 de junio en el que el 51.9% de los electores británicos votó por la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE) ha provocado un terremoto político de grandes proporciones, tanto en ese país como en la UE. En este momento se libra una guerra política, tanto en el Partido Conservador como en el Partido Laborista, en donde los rebeldes solicitan una purga en ambas colectividades. En la UE los más pesimistas temen que las corrientes nacionalistas logren desintegrar la unión, pues en la ciudadanía hay gran descontento frente a los que consideran la dictadura de la Comisión Europea, con sede en Bruselas.
Pero, ¿cuáles son las causas reales de este fenómeno? Los nacionalistas británicos argumentaron las siguientes: La perdida de soberanía política frente a la Comisión Europea; el carácter antidemocrático de Bruselas; la inmigración que es definida por Bruselas y no por Londres; el que Gran Bretaña contribuya con 20 mil millones de libras esterlinas a la UE, de las que solo le reembolsan la mitad. Sin bien estas son causas de peso, no son las de fondo.
El verdadero fondo que provocó el brexit fue el siguiente: Los efectos sociales nocivos de las políticas neoliberales, instrumentadas desde 1979, y que se agravaron a partir de la crisis financiera de 2008 y de la deuda soberana europea, desde 2011.
Iniciadas por Margaret Thatcher en 1979, quien ejecutó las recetas neoliberales, como la privatización de empresas estatales, la reforma de los sindicatos, la reducción de impuestos y la rebaja del gasto social. Por una parte, consiguió reducir la inflación pero, por otra, no supo contener el desempleo, que aumentó drásticamente durante sus años en el cargo. Su política causó sufrimiento a millones de personas abandonadas por el Estado de bienestar y provocó un fanatismo mercantilista que, con los años, llevó al sistema a su peor crisis en cerca de un siglo. Es una ideología que legitimó las desigualdades, deterioró la educación y la sanidad, causó un terrible daño a los servicios públicos, prostituyó la prestigiosa BBC y destruyó el arraigado sentido de solidaridad y orgullo cívico de los británicos.
La segunda causa ha sido el predominio de los intereses de los mercados financieros en las decisiones políticas de la Comisión Europea. Esto se evidenció claramente con el advenimiento de la crisis de la deuda soberana. La Comisión Europea, junto al Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional le impusieron a España, Grecia, Italia, Portugal e Irlanda drásticas medidas de austeridad, en beneficio de los grandes bancos alemanes y franceses. A esto se suma que tanto los gobiernos de Gordon Brown (laborista) y de David Cameron aplicaron estrictas medidas de austeridad económica que empeoran las condiciones de vida de la población.
La tercera causa es el peso político de Alemania dentro de la UE. Cuando cae el muro de Berlín el sistema político e institucional de la República Democrática Alemana (Alemania oriental) se desmorona y es absorbida por la República Federal Alemana (Alemania occidental) lo que creó las condiciones políticas y económicas para el crecimiento geopolítico de Alemania frente al resto de Europa.
Francois Mitterrand, en ese entonces presidente de Francia, le propuso al canciller alemán Helmut Kohl, acelerar los procesos de integración europea y que condujeron a la emisión de la moneda única a partir del año 2000. Kohl acepta la propuesta.
El objetivo político que perseguía Mitterrand era que la integración promovería una Alemania europea y no una Europa alemana. Pero fueron precisamente los temores de Mitterrand lo que se dio. Y no solo eso. Se fue construyendo una Europa bajo la férula del capital financiero que logra imponer su predominio político en las instituciones europeas con el apoyo de Alemania.
El rechazo a la UE ha ido aumentando, más y más, entre las clases populares, a la vez que crece el apoyo entre las clases más pudientes. Por desgracia, las encuestas creíbles y fiables sobre la UE (que son la minoría, pues la mayoría están realizadas o financiadas por organismos de la UE o por instituciones próximas) no recogen los datos de la opinión popular sobre la UE según la clase social. Sí que los recogen por país, y lo que aparece claramente en estas encuestas es que la popularidad de la UE está bajando en picada. Según la encuesta del Pew Research Center, la cantidad de personas que tienen una visión favorable de la UE ha bajado en la mayoría de los 10 mayores países de la UE (excepto en Polonia). Este descenso, desde 2004 a 2016, ha sido menor en Alemania (de 58% a 50%) pero mayor en Francia (de 78% a 38%). En España, ha sido de 80% a 47%. Grecia es el país que tiene un porcentaje menor de opiniones favorables a la UE (27%).
En pocas palabras, la UE se ha convertido en una dictadura política de los mercados y esto es lo que ha generado un gran descontento en la población, no solo de Gran Bretaña sino de toda la UE. Un destacado político francés señaló que si el brexit se convocara en Francia se repetiría el fenómeno de Gran Bretaña. Es decir, una Europa para los bancos, entidades financieras y grupos económicos no es viable en el largo plazo.

