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Celulares en las aulas: prohibir no es educar

Recientemente, la Comisión de Educación de la Asamblea Nacional de Panamá ha discutido y promovido un anteproyecto de ley que busca restringir el uso de teléfonos celulares y otros dispositivos electrónicos en los centros educativos de todos los niveles. Aunque la iniciativa nace de preocupaciones legítimas —como la atención en clase, el ciberacoso y la salud mental de los estudiantes—, su enfoque punitivo y restrictivo plantea serios problemas pedagógicos, legales y estratégicos para la educación panameña.

Desconexión con el marco legal vigente

La Ley 47, Orgánica de Educación de 1946, reformada por la Ley 34 de 1995, establece que el sistema educativo debe modernizarse y adaptarse a los avances científicos y tecnológicos. En su artículo 64, la ley organiza el sistema educativo en tres niveles:

  1. Primer nivel de enseñanza o educación básica general, que incluye educación preescolar, primaria y premedia.

  2. Segundo nivel de enseñanza o educación media, dividido en media académica y media profesional y técnica.

  3. Tercer nivel de enseñanza o educación superior, que comprende educación postmedia, no universitaria y universitaria.

El anteproyecto, al referirse solo a “básica, media y premedia”, no reconoce esta estructura legal, omitiendo el segundo nivel (media) y el tercero (educación superior y postmedia), lo que lo hace jurídicamente débil y pedagógicamente inconsistente.

Una ley desconectada de la revolución tecnológica

El mayor riesgo del anteproyecto no es únicamente la omisión legal, sino su desconexión con los cambios tecnológicos globales:

  • La educación mundial se encuentra inmersa en la Cuarta Revolución Industrial y en la expansión de la inteligencia artificial, la robótica y el aprendizaje digital.

  • La escuela panameña debe articularse con estos cambios, formando estudiantes capaces de interactuar, crear y transformar su entorno mediante la tecnología.

  • Limitar el uso de celulares y dispositivos digitales restringe la capacidad de innovación pedagógica y bloquea la integración de herramientas que podrían potenciar competencias clave en STEM y habilidades digitales avanzadas.

Obstáculo a la modernización educativa

El enfoque punitivo del anteproyecto tiene efectos concretos:

  • Limita al Ministerio de Educación en su inversión en laptops, tabletas y plataformas digitales, como ha señalado la ministra.

  • Desincentiva programas de alfabetización digital y tecnológica en todos los niveles del sistema educativo.

  • Envía un mensaje de desconfianza hacia la tecnología, colocándola como un riesgo a evitar en lugar de un recurso pedagógico a integrar.

El celular como herramienta pedagógica

Los teléfonos inteligentes y otros dispositivos no son enemigos de la educación, sino instrumentos de aprendizaje:

  • Permiten acceso a información actualizada, investigación y recursos educativos.

  • Fomentan el trabajo colaborativo, la creatividad y el pensamiento crítico.

  • Facilitan el aprendizaje adaptativo y personalizado.

Para que cumplan su potencial, deben ser utilizados bajo la orientación del maestro o profesor, principal responsable del proceso pedagógico:

  • Los docentes deben estar capacitados en pedagogía digital y metodologías activas.

  • El uso de los dispositivos debe ser formativo y guiado, no simplemente prohibido.

Conclusión

El anteproyecto, aunque bien intencionado, coloca a la escuela panameña de espaldas a los cambios globales. Limita la modernización educativa, desconecta la escuela del marco legal vigente y reduce la capacidad de los estudiantes para desarrollar competencias digitales fundamentales.

La educación panameña debe ser un vehículo de transformación tecnológica, articulando la escuela con el desarrollo científico y promoviendo la formación en tecnología de todos los estudiantes. Los celulares y dispositivos electrónicos, correctamente integrados y guiados por docentes capacitados, no solo son aliados del aprendizaje, sino instrumentos estratégicos para preparar a nuestros jóvenes para los desafíos del siglo XXI y para contribuir activamente al progreso tecnológico de Panamá.

En resumen, el proyecto de ley aísla al país y a su sistema educativo de las transformaciones globales del aprendizaje, retrasando la integración de la educación panameña con los avances tecnológicos que el mundo exige.

Especialista en ciencias sociales y docente.


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