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LA BOYACÁ

Las cenizas de la política de vivienda

Ardió la emblemática casa Boyacá y con el fuego quedan-además de cenizas- gentes desamparadas y las evidencias de algunos procesos, unos planificados y otros no, puestos en marcha y que definen el presente y futuro social del Casco Antiguo de la ciudad de Panamá.

El fuego de esta casa abre la puerta a un escenario, que en ausencia de una política de vivienda social para el Casco Antiguo, amerita algunas líneas de opinión.

La mejora hecha a la Boyacá durante la administración Martín-Herrera, no fue una restauración formal y trae a visibilidad la discusión sobre el papel del Estado en temas de política de vivienda social para el Casco Antiguo. Esta política de vivienda social fue discutida en su momento para considerarla bajo la normativa para la administración del centro histórico. La vivienda social fue expresión en ese momento del interés político en captar votos y por rebote, y devolver algo del sabor popular, algo más que rollos en la cabeza, pelo duro y música estridente, que perdió con el proceso de gentrificación que ha tenido lugar.

Los lotes sobre los cuales estos edificios siniestrados se levantaron fueron tierras adquiridas por la empresa del ferrocarril en la segunda mitad del siglo XIX cuando fue demolida la muralla colonial. Bajo el auge del ferrocarril transístmico y el impulso de la naciente Colón a golpe de los durmientes del tren, el Estado levanta, entonces, la inadjudicabilidad de “la explanada” y vende las tierras a privados. A partir de otro momento durante el siglo XX, esas tierras quedan bajo la administración del Banco Hipotecario, quien establece que su uso sea para la construcción de viviendas de interés social. Surge entonces el primer elemento de una política social de vivienda para el Casco Antiguo.

El proceso de recuperación del Casco Antiguo debe ser llamado por su nombre. La gentrificación es un proceso económico y social dirigido, que resulta en que un estrato de mayor nivel social y económico, reemplaza a otro de inferior nivel, por lo general en los centros históricos o distritos centrales. “La gentrificación ha puesto en riesgo el valor patrimonial de los sectores más tradicionales de la ciudad, reemplazando las arquitecturas derivadas de los procesos históricos específicos de cada casco urbano; transformando las dinámicas locales, y forzando el traslado de residentes originales hacia la periferia de las ciudades”. (Daniel Hiernaux-Nicolas, 2014).

Como ha venido sucediendo aquí en los últimos 20 años, la composición social del Casco Antiguo es reemplazada por otro estrato social. Como en México, Cartagena, Guatemala, Candelaria, el metro cuadrado se transforma en el más caro de la ciudad. No viven en él quienes una vez lo habitaron.

Regreso a Panamá, y a las 38 familias sin casa de la manzana 52 del Casco Antiguo que quedaron en la calle. ¿Volverán estas a residir en el barrio? ¿Son estas personas y su presencia cultural parte de los valores patrimoniales del Casco Antiguo? ¿Tienen derecho estas personas a disfrutar de los beneficios de la centralidad del sitio patrimonial? ¿Serán expulsados a la periferia de Las Garzas de Pacora o algún barrio del oeste?

Ante el escenario de debilidad institucional y la opacidad en la administración de tierras -visto con la reciente adjudicación de propiedades a privados en el Casco Antiguo- mis dudas sobre la heterogeneidad social y cultural se acentúan. A lo anterior se suma la capacidad del INAC y su Dirección Nacional de Patrimonio Histórico -con proyectos millonarios en marcha- como lo son la restauración de la catedral Santa María la Antigua, el Teatro Nacional, la reapertura del museo antropológico, la intervención a las fortificaciones del Caribe y la inclusión de los caminos coloniales a la declaratoria de Patrimonio Mundial, el futuro de la casa Boyacá lo veo incierto.

Para responder las preguntas de la Boyacá no será suficiente que el INAC tenga los planos y la información en sus archivos. La institución sola en el escenario de gobierno no tendrá ni el tiempo ni los recursos para restituir las casas consumidas por el fuego. Es posible que los agentes inmobiliarios aprovechen para ofertar vivienda para otros estratos sociales y no precisamente para los que hoy quedaron en la calle.

Ante una visión integral del hecho patrimonial-urbano en el Casco Antiguo y en ausencia de una política de vivienda social estructurada bajo un programa definido desde lo oficial, el futuro del barrio y la esperanza de la gente de la Boyacá no será distinto al que se augura hoy y que me recuerda, cínicamente, el estribillo de la canción que dice “el cuarto de Tula cogió candela, se quedó dormida y no, no apagó la vela”.

El autor es ingeniero


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