Hace unos 18 años, cuando en la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE) concebimos y establecimos el Centro Nacional de Competitividad (CNC), el mundo giraba sobre desaceleración económica, alzas en los precios del petróleo, aumento de las tasas de inflación; se trabajaba intensamente para reducir la pobreza, uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio; se estaba iniciando el apogeo de las economías emergentes, como BRIC (Brasil, Rusia, India y China), y habían transcurrido 20 años desde que Michael Porter introdujo el concepto “ventaja competitiva” en el mundo empresarial y de ejecutivos, al igual que entre las administraciones de los países.
En 2004, la APEDE realizó su tradicional Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE), cuyo tema central fue: “Competitividad y Desarrollo en Democracia”, en la cual concluimos acerca de los grandes desafíos que tenía Panamá por delante, entre estos el de la competitividad, de significativa relevancia en el camino para alcanzar el progreso humano, económico y social. Al escuchar las exposiciones de los diferentes participantes, muchas fueron las ideas que bulleron en mi mente y así, en el transcurrir de los días, en mi pensamiento construí el proyecto del Centro Nacional de Competitividad.
En aquella oportunidad, los resultados de la medición hecha por el Foro Económico Mundial situaban a Panamá en la posición 59 de la escala general, en la parte macroeconómica, en materia de competitividad, entre 102 países que se habían sometido al estudio en 2003. Estábamos en una mediana que nos colocaba entre el grupo de naciones poco competitivas, pero con posibilidades de mejora. En la parte de las instituciones públicas y su funcionamiento nos encontrábamos en la escala 71, y en tecnología en la 50. Finlandia estaba en el primer lugar, Estados Unidos en el segundo, Suecia en el tercero, Dinamarca en el cuarto, Taiwán en el quinto, y Singapur en el sexto.
Fue así como en la primera reunión de mi Junta Directiva como presidente de la APEDE, sin estar el tema en agenda, comentaba yo sobre el éxito de aquella CADE, que sería una lástima que tantas propuestas quedasen en el tintero, y compartí la idea y propuesta concreta de establecer un Centro Nacional de Competitividad. Se aprobó entonces en forma unánime que en el país contara con un mecanismo concreto, efectivo y sostenible, que le sirviera para posicionarse en el contexto internacional en el tema de la competitividad.
Al día siguiente visité al Dr. Nicolás Ardito Barletta, panameño de sobrada experiencia nacional e internacional, además socio de la APEDE, para ofrecerle la responsabilidad de servir como director general del CNC, lo cual aceptó hacer en forma ad honorem, y lo hizo exitosamente por diez años consecutivos. La reunión fundacional del CNC por mi presidida tuvo lugar el día 23 de septiembre de 2004; luego de la elaboración de los estatutos y gestión de la respectiva personería jurídica, el 24 octubre de 2005, es decir hace unos 17 años, quedó debidamente inscrita en el Registro Público de Panamá, y nació legal y oficialmente el CNC.
Su constitución es el de “una organización sin fines de lucro, donde en una convergencia público-privada, participan los presidentes de organizaciones del sector empresarial, representantes del sector laboral, empresarios de reconocida trayectoria y funcionarios del más alto nivel del sector gubernamental. Juntos, con la finalidad de hacer de Panamá un país más competitivo, fomentan acciones que lleven a las empresas a producir más y mejor, dentro de un clima apropiado para las inversiones locales y extranjeras, promoviendo así el bienestar de la población”.
Se estableció que el CNC trabajaría en coordinación con el Programa Compite Panamá y el Banco Interamericano de Desarrollo, procurando alianzas con el Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (CLACDS), y el Foro Económico Mundial, entre otros. Además, se determinó un programa de trabajo sobre las bases de: información sobre índices internacionales de Panamá; participación en el desarrollo de la estrategia nacional; concienciación del empresariado sobre la importancia y los métodos de la competitividad, a través de la coordinación gremial, información, conferencias, seminarios, programas especializados y asistencia técnica, y divulgación en medios; cooperación con el gobierno nacional para definir políticas públicas nacionales, en prioridades, acciones-legales-administrativas; y la coordinación con actividades internacionales.
¿Por qué la competitividad es de importancia en las naciones? Aquí reproduzco el concepto según Michael Porter: es “La capacidad para sostener e incrementar la participación en los mercados internacionales, con una elevación paralela del nivel de vida de la población. El único camino sólido para lograrlo, se basa en el aumento de la productividad” (Porter, 1990).
Para reconocer a un país como competitivo, anualmente el Foro Económico Mundial realiza la medición para conocer el Índice de Competitividad Global (ICG), basada en los 12 pilares de la competitividad: Entorno institucional, infraestructura, ambiente macroeconómico, salud, educación primaria, educación superior y especializada, eficiencia de los mercados, eficiencia del mercado laboral, desarrollo del mercado financiero, adaptación tecnológica, tamaño del mercado, sofisticación de los negocios e innovación.
Estas remembranzas las comparto, con motivo de celebración esta semana del XIV Foro Nacional para la Competitividad, por parte del CNC.
El autor es síndico honorario y presidente fundador del CNC.
