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Cerrando la brecha: urgen más mujeres en STEM

Para citar un ejemplo de la realidad local, la demanda de la UTP se ha incrementado de 5,735 estudiantes en 1981, hasta 28,331 en 2024. Si bien el porcentaje de mujeres se ha incrementado a lo largo de los años, de la matrícula de 2024, solo 9,663 son mujeres.

El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer en amplias regiones del mundo. Originalmente celebrado como el día de la mujer trabajadora, hoy es un espacio de reflexión sobre la participación de la mujer en todas las esferas de la sociedad. De todos los aspectos que podrían abordarse, uno en particular es de suma relevancia: la necesidad de fomentar las vocaciones en ciencia y tecnología de nuestra juventud femenina.

De acuerdo con el Foro Económico Mundial, entre las competencias más importantes para nuestro presente y futuro inmediato, están: el pensamiento crítico, la capacidad de análisis y resolución de problemas, la capacidad de innovar, de resolver problemas y la adaptabilidad. Esto, unido al uso, monitoreo, control y diseño tecnológico, así como la programación. La realidad es que las tecnologías digitales tienen un impacto significativo en todas las áreas del conocimiento y en los requisitos de las profesiones existentes. De hecho, están creando demanda de profesionales con nuevos perfiles y dando lugar a nuevos campos de desarrollo profesional.

En este escenario de requerimientos, es estratégico que un número mayor de mujeres incursione en las carreras de corte científico y tecnológico. Esto traería beneficio en dos direcciones. En primer lugar, las jóvenes que se formen en estas áreas tendrán mayores oportunidades laborales, con mejor remuneración, y también mejores perspectivas en caso de que se animen a emprender.

Hay que tener presente que en el mundo persiste la brecha salarial de género, con diferencias promedio en las remuneraciones entre hombres y mujeres en el mercado laboral. De acuerdo con ONU Mujeres, a nivel mundial, las mujeres ganan aproximadamente el 80% de lo que perciben los hombres por trabajos de igual valor, lo que implica una brecha salarial del 20%, en trabajos similares. Súmese a esto la baja participación de la mujer en carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), y se obtendrá en consecuencia una mayor disparidad en los ingresos, tal como se está registrando globalmente. De acuerdo con ONU Mujeres, solo un aproximado de 35% de los estudiantes matriculados en carreras STEM son mujeres, siendo este promedio un tanto más bajo (33,3%) en América Latina y el Caribe.

Por otro lado, según datos del Banco Mundial, las mujeres representan aproximadamente el 49,6% de la población mundial, y en América Latina y el Caribe, las mujeres constituyen alrededor del 50,8% de la población total, superando ligeramente a los hombres. Prácticamente, se tiene un balance de género en la población.

Es vital para cualquier país del mundo aprovechar al máximo todo el talento humano que posee para impulsar su desarrollo, y no puede dejar de lado, todas las capacidades existentes, tanto en hombres como en mujeres. Si el futuro de los países está en su habilidad para reinventarse, crear nuevas oportunidades, innovar en ciencia y tecnología, encontrar nuevas soluciones para los problemas existentes, lograr sostenibilidad y desarrollo humano, entonces ese futuro depende de aprovechar la inteligencia y el conocimiento aplicado de su población femenina.

En ambas premisas planteadas, las universidades desempeñan un papel importante. Para una labor de vinculación efectiva con las comunidades a las que sirven, deben impulsar una mayor participación de las jóvenes en estas carreras de alto impacto. Panamá no escapa de las estadísticas mundiales. Para citar un ejemplo de la realidad local, la demanda de la Universidad Tecnológica de Panamá se ha incrementado de 5,735 estudiantes en 1981, hasta alcanzar 28,331 en el 2024. Si bien el porcentaje de mujeres se ha incrementado a lo largo de los años, de la matrícula del 2024 se tiene que 18,668 son varones y 9,663 mujeres. Un 34% femenino que se alinea con las tendencias identificadas internacionalmente. Ante esta realidad, es oportuno un llamado a la acción para ampliar la participación de nuestra juventud femenina en las carreras STEM, para brindarles el empoderamiento que les permita ser coprotagonistas, en condiciones igualitarias, en la generación de los cambios que nuestras sociedades requieren y se merecen.

La autora es ingeniera, exrectora de la Universidad Tecnológica de Panamá, exministra de Educación y exmbajadora de Panamá en Chile.




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