Seguramente ha escuchado o leído del chikungunya en las noticias. Se trata de una enfermedad viral transmitida por los mosquitos Aedes aegypti y el Aedes albopictus. La palabra es originaria de la lengua africana makonde, que quiere decir “doblarse por el dolor”. La primera descripción de un brote de chikungunya ocurrió en 1952, al sur de Tanzania, África. Con los años, fue identificada en otros países y en 2013 se reportó por primera vez en las Américas.
Hace poco, un brote en Paraguay causó la muerte de más de 300 personas. Aunque la cantidad de casos reportados en Panamá es relativamente baja, es importante que la población tenga conocimiento de esta enfermedad.
Luego de la picadura de un mosquito infectado, una persona puede desarrollar síntomas como fiebre, dolor muscular, dolor de cabeza, náuseas, fatiga y erupción cutánea entre los días 2 y 12. Sin embargo, el síntoma más común – y del cual deriva su nombre, doblarse del dolor – es un dolor severo en las articulaciones que puede durar días o hasta meses. Hasta ahora, el tratamiento con medicamentos existente es aliviar los síntomas. El mes pasado, la primera vacuna contra este virus fue aprobada en Estados Unidos. Sin embargo, la vacuna es fabricada con virus debilitado, por lo que no es recomendada para personas mayores, inmunocomprometidas y niños, entre otros.
El pasado 12 y 13 de diciembre, se llevó a cabo en Panamá la Reunión Mundial sobre Chikungunya, organizada por el Instituto Internacional de Vacunas (IVI), con sede en Corea del Sur, y el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, “con el propósito de establecer y cumplir una agenda unificada para el desarrollo y el acceso de las vacunas contra esta enfermedad”. Panamá - junto con Colombia, Brasil, Guatemala y Costa Rica - participan en la Fase II/III del estudio de la vacuna BBV87, que está basada en virus inactivados. La fase III está prevista culminar en 2025.
El camino aún es largo… Mientras tanto, hay que prevenir eliminando los potenciales criaderos de mosquito. Si requiere almacenar agua, asegúrese que los envases estén bien tapados y procure revisar periódicamente si hay presencia de larvas. Y en caso de presentar síntomas, no se automedique y acuda al médico.
La autora es toxicóloga, divulgadora científica, exbecaria de Senacyt e integrante de Ciencia en Panamá
