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China y la evolución de su modelo de desarrollo

China y la evolución de su modelo de desarrollo
Un carguero se dispone a atracar en el puerto de Qingdao, en el este de China, el 24 de septiembre de 2025 / AFP

Durante las últimas cuatro décadas, China ha protagonizado una de las transformaciones económicas y sociales más sorprendentes de la historia moderna. Desde finales de los años setenta, cuando inició su proceso de reformas y apertura económica, el país asiático pasó de ser una economía predominantemente rural y con altos niveles de pobreza a convertirse en la segunda economía más grande del planeta. Este proceso no solo cambió el equilibrio económico mundial, sino que también sacó a cientos de millones de personas de la pobreza.

En 1978, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, China comenzó a abandonar gradualmente el rígido modelo económico centralizado para introducir mecanismos de mercado. Las reformas permitieron que los agricultores produjeran y vendieran excedentes, que se crearan empresas privadas y que se establecieran zonas económicas especiales abiertas a la inversión extranjera. Estas decisiones sentaron las bases para un crecimiento económico sostenido durante décadas.

Los resultados fueron extraordinarios. Según datos del Banco Mundial, más de 800 millones de chinos salieron de la pobreza extrema desde el inicio de las reformas. Este logro representa, por sí solo, la mayor reducción de pobreza registrada en la historia humana. En términos simples, ningún otro país ha logrado mejorar las condiciones de vida de tanta gente en tan poco tiempo.

El crecimiento económico fue impulsado por varios factores. Uno de los más importantes fue la industrialización acelerada. China se convirtió en la llamada “fábrica del mundo”, atrayendo empresas internacionales que buscaban producir bienes a gran escala. Millones de trabajadores migraron desde las zonas rurales hacia las ciudades industriales, donde encontraron empleo en fábricas, la construcción y los servicios.

Paralelamente, el gobierno chino invirtió de manera masiva en infraestructura. Carreteras, puertos, aeropuertos, trenes de alta velocidad y parques industriales se expandieron por todo el país. Estas inversiones facilitaron el comercio, redujeron costos logísticos y permitieron que regiones que antes estaban aisladas se integraran al desarrollo económico nacional.

En los últimos años, bajo la administración del presidente Xi Jinping, China ha consolidado varios de estos avances con una fuerte apuesta por la erradicación de la pobreza extrema. En 2021, el gobierno chino anunció oficialmente que había eliminado la pobreza extrema en el país, un objetivo que Xi había planteado como prioridad nacional. La estrategia incluyó programas de desarrollo rural, reubicación de comunidades en condiciones precarias e inversiones en educación y acceso a servicios básicos.

Xi Jinping también ha impulsado una visión de desarrollo que busca equilibrar crecimiento económico con estabilidad social y modernización tecnológica. Iniciativas como la Franja y la Ruta pretenden ampliar la cooperación económica con otros países mediante infraestructura, comercio y conectividad global. Al mismo tiempo, China ha incrementado su inversión en innovación, inteligencia artificial, energías renovables y tecnología avanzada.

No obstante, el rápido crecimiento también ha traído desafíos. Persisten desigualdades entre regiones urbanas y rurales, existen presiones ambientales significativas y la economía enfrenta el reto de mantener su dinamismo en un contexto global cada vez más complejo. Además, la transición hacia un modelo basado en el consumo interno y la tecnología sigue siendo una tarea en desarrollo.

A pesar de estos retos, el impacto del ascenso de China en el mundo es innegable. Su crecimiento ha impulsado el comercio global, transformado las cadenas de suministro y redefinido el equilibrio económico internacional.

Más allá de debates ideológicos, el caso chino demuestra que las políticas públicas sostenidas, combinadas con inversión, planificación y apertura gradual, pueden generar transformaciones profundas. Sacar a cientos de millones de personas de la pobreza no es solo un logro económico, sino uno de los cambios sociales más importantes de nuestro tiempo.

En un mundo donde la desigualdad sigue siendo un desafío central, comprender la experiencia de China —desde las reformas de Deng Xiaoping hasta las políticas actuales bajo Xi Jinping— ofrece un punto de referencia importante para reflexionar sobre las distintas rutas posibles hacia el desarrollo y la prosperidad.

El autor es educador y promotor social.


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