Hace ciento nueve años, el comerciante Gregorio Samsa, al despertar una mañana, comprobó primero con incredulidad, luego con la creencia de que era un sueño y, finalmente con espanto que se había convertido en un insecto. Desde ese momento cambió su realidad y entró en una atmósfera donde todo se transformó para él, su familia y su entorno.
Esta historia de una corta extensión recibió el nombre de La metamorfosis y se debe a la pluma de Franz Kafka, escritor checo, nacido en Praga y quien falleció el 3 de junio de 1924, víctima de tuberculosis laríngea e inanición. Produjo un variado conjunto de títulos entre novelas y relatos cortos en que los temas fantásticos, el existencialismo, el absurdo y una crítica a las costumbres tradicionales le sirvieron de elementos para armar su literatura.
Con motivo del centenario de la defunción de este autor, la Academia Panameña de la Lengua (APL) organizó recientemente una lectura continua de esta breve novela, que se considera uno de los libros cimeros de Kafka. La vida cotidiana de una familia y en especial, la de un hombre de negocios común, se ve invadida por un suceso fantástico que cambia el orden y la conciencia de todo.
¿Puede asimilar una sociedad un cambio trascendental del destino y de la relación de sus grupos? ¿Es posible sortear las peripecias que ocasionan las modificaciones de un patrón determinado que se relaciona con las costumbres y hasta el perfil de grupos en una nación?
Las circunstancias que envuelven la existencia de Samsa, a partir de su horrible descubrimiento, conducen a una crucial reflexión sobre estas interrogantes.
Las preocupaciones de Kafka insertas en sus textos, nos exponen sobre esta conflictiva relación no solo entre individuos, sino en cuanto a grupos, regiones y países. La mayoría del repertorio de sus problemas acosó al hombre y a las sociedades durante el siglo XX. La repercusión de ellos fue el contexto de las grandes crisis, que se hicieron concretas en las guerras y en fenómenos que transformaron la correlación de fuerzas.
Las ideas o imágenes absurdas conjuradas por el vanguardismo se entrelazan en el conjunto de relaciones que se desprenden de La metamorfosis; un enfoque que atisbaba al existencialismo que unos años más tarde iría a vertebrar el pensamiento de literatos como Sartre, Camus y Borges, entre otros. Samsa representa los prolegómenos de la condición humana, de la responsabilidad individual, de la libertad y del significado de la vida misma.
Samsa se descubre insecto y la primera preocupación que le perturba es cómo lo van a considerar en su familia, y en su trabajo, porque desde el primer momento se altera su conducta laboral, de igual manera, en el vecindario. Este manejo del relato refleja cómo una situación específica, íntima, puede tener una proyección amplia y connota nuevas dimensiones para los grupos sociales.
En cada uno de los otros trabajos de Kafka, que incluyen El proceso, El castillo, El desaparecido, Ante la ley, América, en sus cuentos cortos y hasta en su extensa correspondencia, se encuentran indicadores de sus preocupaciones por el destino del hombre característico del siglo y el correspondiente enfrentamiento con la irracionalidad cuando ella invade los bordes de lo cotidiano.
Aunque La metamorfosis, fue publicada hace más de cien años, sus implicaciones perduran en la historia de la humanidad durante el resto del siglo XX y adquieren mayor vigencia en estos primeros años del siglo XXI. A través de relatos breves y muy coloquiales (diálogos con el borracho, con estudiantes y gente de pueblo), Kafka pudo apuntar a discutir sobre conflictos graves y bastante propios de su época.
El homenaje de la Academia Panameña de la Lengua a la literatura de Kafka, a través de la lectura de La metamorfosis, representa un profundo significado por cuanto expresa cómo el pensamiento de un escritor puede reflejar la perspectiva de la humanidad, aunque sea con un hecho tan específico como la fantástica transformación de un hombre en un insecto.
El autor es periodista y docente.
