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Cinco años perdidos

La fotografía de la educación y el sistema de salud que tenemos hoy, es igual o peor que la que se tenía el 1 de julio de 2019. Han sido cinco años perdidos.

El desarrollo de una nación se alcanza cuando sus ciudadanos tienen un sistema de educación y salud pública de alto nivel. Si bien la construcción de grandes obras es importante, estas no traerán los beneficios que se esperan, si la población no tiene acceso a una educación dirigida a aprovechar las oportunidades de trabajo que se produzcan y un sistema de salud que los proteja.

Los problemas de la educación son los mismos que se han venido señalando en los últimos veinte años, como el estado de las escuelas, el nombramiento de los docentes o la politización del sistema.

Con relación a la situación física de los planteles, de nada parece hacer servido la creación de un viceministro de infraestructura. El nuevo gobierno debe realizar, incluso antes de tomar posesión, un inventario del estado de cada escuela, para iniciar con las adecuaciones necesarias a partir del 1 de julio.

Atender con prontitud este tema, además, generaría plazas de trabajo, contratos para empresas pequeñas y medianas, aportando así a la reactivación de la economía.

El siempre engorroso sistema de nombramiento de los docentes debe modernizarse, para acabar con la ausencia de maestros y profesores que se produce cada año. Igualmente, es preciso preparar a nuestros docentes para las exigencias del mundo que deberán enfrentar los estudiantes en su vida laboral.

Es urgente abordar estos y otros temas relativos al Ministerio de Educación con criterios técnicos, dejando atrás la dañina politización. En especial, el manejo del presupuesto, para que cada partida sea utilizada para lo que realmente se necesita.

El nuevo gobierno debe exigir a las nuevas autoridades de Educación que presente un plan para el 2029, con metas claras y la forma de alcanzarlas, de manera que la fotografía de la educación de ese año, sea muy diferente a la encontrada ahora.

Con relación al sector Salud, hace décadas se conocen cuáles son los principales problemas estructurales que tiene el sistema de atención pública de salud. Se trata de un sistema bicéfalo, ineficientes, que genera discriminación, que invierte mal los recursos y que cuatro millones de personas padece, debido a la desidia de las autoridades de salud que, por egocentrismo, desconocimiento y falta de visión, no han dado el paso acertado.

No se necesitan más mesas del diálogo, solo se requiere voluntad política. Si se crea un Sistema Único de Atención, podremos desarrollar una estrategia de Atención Primaria de Salud, (APS), que es fundamental para implementar lo que se pide a gritos: una atención de salud preventiva, basada en la salud y no en la enfermedad.

Indudablemente, hay temas que se deben resolver a nivel hospitalario. No se trata solo de construir hospitales, sino ver cómo funcionan, cumpliendo metas de cada departamento y servicio, así como los procesos de abastecimiento de medicamentos e insumos.

Claro que se debe construir el nuevo hospital oncológico, pero paralelamente debemos capacitar el profesional necesario. El cáncer no puede verse como una enfermedad más, sino que es necesario establecer una política del cáncer, debido a su enorme impacto social y económico. Se requiere una ruta para el abordaje integral del cáncer, como herramienta de concertación de todas las partes interesadas, para disminuir los índices elevados de la enfermedad y romper la curva ascendente de la carga humana que estamos pagando.

A diferencia de lo que sucede en la región, el problema del sector salud de Panamá no es de falta de recursos, sino de la aplicación de las políticas adecuadas.

No puedo dejar de mencionar el tema del agua de consumo humano, como un tema primordial y parte fundamental del sistema de salud.

No es posible qué transcurrido casi una cuarta parte del siglo XXI, setecientos mil panameños no tengan acceso al agua 24/7. El IDAAN debe ser modernizado administrativamente y dotarlo de los recursos que necesite para que eso cambie.

Es preciso corregir dos deficiencias de vieja data: el 45% de las residencias y establecimientos comerciales no tienen medidores de agua, lo que provoca el gran desperdicio que sabemos que ocurre, al tiempo que la institución deja de recibir importantes ingresos. El otro problema son las fugas de agua por el desgaste de las tuberías. Se calcula que el 30% del agua que producen las potabilizadoras se pierde en la ruta.

Si se logra corregir en 90% estos dos problemas, más la necesaria modernización administrativa, dejaremos atrás situaciones que son imperdonables en un país que ocupa el quinto lugar en precipitaciones.

Esperemos que el 30 de junio del 2029 la fotografía de la educación, salud y agua sea una diferente y mejor.

El autor es fundador del Movimiento Otro Camino


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