El anterior director del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan), Antonio Ducreux, dijo que el costo anual por los carros cisternas en el quinquenio pasado, fue de $18 millones. Es decir, se gastó un gran total de $90 millones en 5 años. Según nota 191-DE de 23 de mayo de 2023, que me enviara aquel funcionario, el negocio de los carros cisternas se concedía a 11 proveedores. Lo que significa que el promedio anual para cada empresa era de $1.6 millones y que, en 5 años, se pagarían $8.1 millones a cada una.
Continuó afirmando que en las empresas dueñas de camiones cisternas no constaba la presencia de diputados como beneficiarios finales. No porque investigó, sino porque en los formularios completados por la empresa, por efecto de la ley de conflicto de interés, no aparecen; es decir, las autoridades se limitan a creer de buena fe lo que escriban en ese papel los colaboradores o directivos de cada empresa dueña de camiones cisternas, en el sentido de que ninguno de los beneficiarios finales son diputados o funcionarios de cualquier nivel. O lo que es igual, no le exigen a la empresa contratante, ni un solo documento que defina quiénes son los beneficiarios finales; información que sí le exigen las autoridades a los bancos y a los agentes residentes en asuntos entre particulares. Pero en este caso de los carros cisternas, que son más delicados por tratarse del manejo de fondos públicos, las autoridades se limitan a la declaración jurada que hace la empresa y no a la documentación corporativa real que establecería con mayor certeza quién es el beneficiario final o accionista.
Recordemos que este señor Ducreux en su última aparición ante la Asamblea Nacional (AN), luego de ser cuestionado se refirió a un circuito en particular donde dijo que “no había solamente un diputado con cisterna repartiendo agua; había varios candidatos repartiendo agua y haciendo política con el agua”. Por lo que, al haber sido el clientelismo del agua ejercido “bajo sus ojos”, como le achacó el presidente José Raúl Mulino, Ducruet tuvo que aclarar que esa repartidera de agua era a nivel privado y no bajo contratación del Idaan.
Pero su irreverencia no termina aquí. Porque mientras deja entrever que hubo candidatos y diputados repartiendo agua a diestra y siniestra, insistió que no existía ningún diputado que fuese beneficiario final de las compañías propietarias de los camiones cisternas. Recordemos que al estar las contrataciones de carros cisternas para la distribución de agua potable, sustentadas en las modalidades establecidas en la Ley 22 de 2006 que regula las contrataciones públicas, entre los requisitos establecidos en esta ley, en ninguna de ellas se les solicita a las empresas presentar una declaración de beneficiario final; razón por la cual el Idaan no sabe quiénes son los dueños de las empresas que manejan carros cisternas.
Y con esta displicencia se manejó el Idaan en el quinquenio anterior, al punto que existe hoy solamente con los carros cisternas, una deuda de $51.8 millones, lo que representa más de la mitad de lo que se debió pagarles en estos últimos 5 años. Habiendo $32.8 millones en contratos que no fueron refrendados; mientras que $18.9 millones cuentan con notas de compromiso otorgadas a estos contratistas aguateros por la administración anterior. No olvidemos que Ducreux le deja al Idaan una deuda total de $497 millones, de los que $181 millones carecen de respaldo documental y una morosidad de $106 millones.
Iniciando su candidatura a la presidencia de la República, Laurentino Cortizo diría en 2018 lo siguiente: “El Idaan es la institución más diagnosticada de Panamá. Para que llegue el agua a los que la tienen, lo que se necesita es capacidad y voluntad, y no más diagnósticos”. Y al agregar Cortizo en 2019 que “garantizaremos agua a todo el país y la calidad del recurso para consumo humano, sector agropecuario, energía, Canal de Panamá y muchos otros usos”, se trató de otro ejemplo más de lo que es mentir en política, sobre todo en campaña.
Las voces de demagogos como estos representan la mediocridad. Se convirtieron en ruido cuando controlaban el poder, incluso a través de quienes se lo entregaron; ya fuera el círculo cercano del exvicepresidente (hoy desaparecido, al igual que su exjefe) o la Asamblea Nacional, cuya función sumisa consistió en seguir el guion del autoengaño, leyendo el libreto del vasallo, como títeres manejados por sus titiriteros. Esta limitada iniciativa del exgobernante y su debilidad de pensamiento lo llevaron a someterse al enanismo de quienes lo manipulaban detrás de bambalinas. Un exmandatario dominado por un político chabacano, mezquino e insignificante, en el contexto de un gobierno corrupto y malvado, quedando sometido al soez ordinario que se aprovechó de su incapacidad para fortalecer su propio entorno económico y político, junto con el de sus allegados.
El autor es abogado.