EL MALCONTENTO

La ciudad que no es (humana): Paco Gómez Nadal

La ciudad que no es (humana): Paco Gómez Nadal La ciudad que no es (humana): Paco Gómez Nadal
La ciudad que no es (humana): Paco Gómez Nadal

Hay una especie de tergiversación de la realidad en ciudad de Panamá. No hay que negar la buena voluntad (supongamos) de los regidores de la capital. Al menos ya no sueltan la caspa política que le caía a la anterior alcaldesa, pero da la sensación de que piensan que el discurso puede cambiar la realidad, cuando esta se modifica con acciones contundentes. El papel (y los videos) lo soportan todo, pero luego llega el espejo cruel sin filtros y nos muestra algo muy diferente.

Igual le pasa a la élite de la ciudad. Ellos y ellas creen que construyendo museos grandilocuentes el país cambia porque ellos, próceres generosos, han decidido mostrarnos que somos algo que quizá no somos. O, peor, porque se empeñan en negar la realidad a punta de magnas edificaciones que someten el contenido al continente.

Veo un video de la vicealcaldesa de la ciudad, Raisa Banfield, dando la bienvenida a los futuros participantes en la conferencia “De la ciudad al paisaje: diseñar para la salud y la biodiversidad”. El video utiliza imágenes de apoyo que manipulan la realidad de la capital de Panamá que acogerá tan magno evento porque son tomas de bosques, algunas donde el verde siempre está por delante de una ciudad lejana, fantasmagórica, y porque evita mostrar el caos urbanístico y arquitectónico que hacen de la ciudad de Panamá una urbe insana y que atenta contra la biodiversidad. Es obvio que la situación de la ciudad no es responsabilidad de Banfield ni de Blandón, pero se empeñan en empujar un discurso que no está respaldado por las acciones, en vender una ciudad verde y con un potencial que es falso, porque para ello deberían demoler la mitad de lo hecho en los últimos 15 años. No lo van a hacer. De hecho, siguen autorizando construcciones que atentan contra todo el discurso de la conferencia internacional que propone “reimaginar cómo construimos comunidades que benefician de manera interconectada a las personas y al medio ambiente”. “No podemos repetir los errores del pasado”, dicen los convocantes, pero la realidad en ciudad de Panamá confirma que no solo podemos, sino que lo hacemos de forma constante, rellenando con concreto y mal gusto lo que alguna vez fue una ciudad a escala humana rodeada y ocupada por la biodiversidad.

Imagino que es la misma Alcaldía la que estudia y autoriza la construcción de un nuevo museo que la élite nos quiere ¿regalar? No, regalar no, porque la élite siempre tiene ideas geniales que luego debe financiar, al menos en parte, el Estado. En este caso se trata del Museo de la Libertad y los Derechos Humanos, otra mole de 15.7 millones de dólares (sin contar los sobrecostos ya habituales) que tiene asegurado por parte del Estado un aporte equivalente al 40% de la inversión. El nuevo museo estará ubicado (¿adivinen?) en Amador. Es decir, la Alcaldía no tiene capacidad de hacer un diseño de ciudad en el que los recursos culturales y turísticos se distribuyan en zonas necesitadas de proyectos ancla para una renovación urbanística y humana. Tampoco tiene injerencia sobre la nula política pública cultural del Gobierno central que hace que el patrimonio cultural, arqueológico y etnográfico del país languidezca a la sombra de nuevos museos privados y de los centros comerciales convertidos en nuevos talismanes de esta modernidad ya decadente.

En Panamá ya sabemos cómo funciona esto de los museos propuestos por fundaciones. ¿Recuerdan el Biomuseo? Era una de las panaceas prometidas al país por una élite necesitada de legados históricos. El proyecto del Biomuseo, hoy aún inconcluso, iba a atraer a 700 mil visitantes al año y con suerte llega a los 200 mil; iba a costar 40 millones y terminó sumando gastos por 100 millones de dólares; le prestamos la plata entre todos (con un préstamo del Banco Nacional) y les regalamos 7 hectáreas en una zona de las más atractivas de la capital (valoradas en 30 millones de dólares). Ahora, por si fuera poco, el gobierno de Varela, que es incapaz de que el panameño medio tenga suministro de agua potable las 24 horas y que considera a los estudiantes como una amenaza, acaba de firmar un nuevo convenio con la Fundación Amador para regalarle al Biomuseo otros 18 millones de dólares para que construya las exposiciones que prometió y que siguen sin existir.

Mi punto es el siguiente. O logramos una alcaldía beligerante, que se plante de una vez, que no conceda más licencias de construcción hasta que no se piense como remediar el desastre urbanístico que está complicando la vida cotidiana de cientos de miles de panameños de a pie, o no habrá conferencia internacional, ni optimismo incontenible de Banfield, ni Plan de Acción pagado por el BID que nos saque del marasmo. El problema es el tiempo… al igual que el planeta, las ciudades tienen un punto de no retorno.

Otras noticias de Opinión

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Lo último en La Prensa

TENIS Tony Nadal dice adiós a Rafa como su entrenador

Nadal, número uno del mundo. Nadal, número uno del mundo.
Nadal, número uno del mundo. AFP

El tío del tenista español Rafa Nadal, Toni, que en febrero pasado anunció que dejaría de entrenar a su sobrino al término de ...

tenis La tenista Jana Novotna muere a los 49 años tras batalla contra el cáncer

Novotna fue campeona de Wimbledon. Novotna fue campeona de Wimbledon.
Novotna fue campeona de Wimbledon. AFP

La tenista checa Jana Novotna, ex número dos mundial y campeona de Wimbledon en 1998, falleció a los 49 años de edad debido a ...