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Un ciudadano chino en Panamá

Los panameños hemos convivido casi desde los inicios de la república con los chinos, pues desde esos tiempos hasta ahora su población ha venido creciendo gradualmente, incorporándose al sentimiento nacional como una comunidad pujante con sus propias características. Hace poco dimos un paso trascendental al reconocer como país a  China, rompiendo con la relación que manteníamos con Taiwán.Cuando joven viví en Río Abajo, y recuerdo los mandados que hacía a la tiendita del chino, pues había algo que nos atraía, las famosas “ñapas”, golosinas que estos orientales regalaban al comprar en sus establecimientos. El chinito, al que  llamábamos Fontín, también fiaba, y su negocio fue creciendo, poco a poco, y llegó a construir un edificio cerca del lote donde estaba su derruida tienda y abrió su abarrotería, luego siguió creciendo, construyendo otro edificio allí mismo en el barrio. Su esposa siempre lo acompañaba en su faena diaria, luego más tarde sus hijos y nietos continuarían su legado.Estas remembranzas de la vida real son parte del vivir del panameño, pues los chinos han sido siempre gente muy laboriosa. Dicen nuestros historiadores que los chinos  llegaron atraídos por las megaconstrucciones que se adelantaban en el istmo de Panamá, como los contratados por la Compañía del Ferrocarril en 1854. A pesar del cruel destino que los acompañó en esta impronta en nuestro país, su valiosa labor fue reconocida por sus contratantes, pues eran metódicos y persistentes. Otros historiadores hablan de que durante la Guerra de los mil días un chinito murió producto de los acontecimientos que se suscitaron en aquella época.Este importante vínculo entre Panamá y la China trae nuevas perspectivas de desarrollo no solo para los chinos, sino también para nuestra nación, la cual debe beneficiarse con la reciprocidad que este país brinda al intercambiar productos agrícolas o de servicios, como el Canal de Panamá, la Zona Libre de Colón, entre otros. Es un megamercado con la mayor población del mundo, viviendo en un sistema social, económico y político que no comprendemos, pero que al parecer les funciona, pues no es fácil dar de comer a más de un millar de millones de chinos diariamente. El ejemplo en la persistencia en sus negocios, su laboriosa actividad y su mesiánica filosofía del trabajo quizás pueda responder la interrogante que expresó un panameño al salir de la carnicería del chinito: “¿cómo es posible que este chino esté comiendo fideítos cuando tiene una nevera llena de carne?”. Esto puede ser el norte que los panameños debamos emprender para lograr mayores estadios de productividad y superación en esta nueva relación entre un país pequeño y uno que se apresta a ser la primera potencia mundial.El autor es ciudadano


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