Hubiese podido colocar “ciudadano o gobernado”, pero creo que al sistema corrupto que tenemos lo que más le conviene es tener un súbdito. Desde hace muchas décadas, el pueblo ha sido condicionado para que actúe como ignorante del poder soberano que le pertenece.
No conoce el concepto de mandante (el pueblo) versus mandatario (el presidente). No sabe que el mandante manda y el mandatario temporal obedece. Asimismo, desconoce que el pueblo es el jefe de todo servidor público, porque es el primero quien paga su salario.
No comprende que los diputados, en este sistema de democracia participativa, están para seguir las instrucciones de los ciudadanos, no para obedecer a los partidos políticos ni para actuar solo en función de sus intereses económicos. En este punto, es importante señalar que no hay ninguna norma que obligue al ciudadano a llamar “honorable” a un diputado, y debemos eliminar esa mala costumbre.
Lo mismo sucede con el presidente de la República, quien cree que ocupa su cargo para tomar por nosotros las decisiones que él considera convenientes. No, señor presidente, usted está ahí temporalmente para ejecutar lo que el pueblo, en su mayoría, quiere.
Tampoco está ahí el señor presidente para obedecer los intereses económicos de un pequeño sector.
El ciudadano es el dueño de su destino y, por ello, tiene el poder democrático para hacer valer, ante todas las instituciones estatales, sus derechos civiles y políticos, sin disminución alguna.
Ciertamente, cada día hay más ciudadanos, pero aún faltan muchos. Debemos educar, desde el inicio de la escolarización, para formar y empoderar al ciudadano.
Asimismo, tenemos que incidir en los medios de comunicación social, ya que a través de estos se ha condicionado la mente de la población, y es el canal por el cual se debe cambiar esa mentalidad.
Sepa, ciudadano, que el poder es suyo. Empodérese y sea valiente, haga valer sus derechos democráticos y dé órdenes sobre la base de sus derechos legales.
El autor es abogado