Siempre acostumbramos a referirnos a la oligarquía gobernante desde los orígenes de nuestra nación, luego de la separación de Colombia, pero no nos percatamos de que causante de tantos males y retraso en nuestro desarrollo hay una clase apendicular, o como decía un destacado periodista del siglo pasado, de tenedor y cuchillo. Este periodista gritaba en mítines, en el parque de Santa Ana, contra los ocupantes del Palacio de las Garzas.
Los grandes ricachones , ayudados a perpetuarse en el poder por los sirvientes o amanuenses, y por la clase conocida como inquilinos de cuartos cucaracheros, que tenían que ir en turno con parrillas y zuecos al baño comunal, y sus progenitoras con los trastos al fregador igualmente común.
No niego mis orígenes, en los que viví por mucho tiempo en barrios humildes, pero tuve el interés de alimentar mi conciencia patriótica desde mi adolescencia y prepararme en lo posible desde el punto de vista intelectual y profesional, sin pretender que no estaría en deuda con la sociedad de la que he entendido que de ella partimos para llegar a niveles superiores de conocimiento, lo que nunca he olvidado, así como mis orígenes.
Entiendo que durante el proceso revolucionario del general Torrijos es cuando a la clase media, a la cual pertenezco, se le dio muchas oportunidades para escalar a puestos que solamente eran para los hijos de los oligarcas, pero esto fue distorsionado por esa clase a que aludo de parrilla y zueco, ya que los salones refrigerados del poder los fueron transformando de tal forma, que ya hablaban muy refinadamente, ya que a las claras se estaban divorciando de su propia clase social o de sus orígenes.
Los que disfrutaron con los militares de alto rango, y que luego de la muerte del general Torrijos, los árbitros del Partido Revolucionario Democrático (PRD) se comportaron negativamente participando en distintos actos de corrupción en el poder.
Debemos aludir a los llamados militantes de izquierda, y no solo de ellos, sino también de derecha, que con mucho dinero llevaron las riendas de la máxima magistratura de la nación, con la sangre todavía tibia derramada por nuestro pueblo en el genocidio de la invasión norteamericana. Así, uno de los más destacados representantes del PRD subió las escaleras del palacio presidencial para decirle al presidente Endara que haría una oposición leal. En otras palabras, de sumisión o entreguismo al trío que había tomado posesión en una base norteamericana de nuestro país.
Creo sinceramente que el Partido Revolucionario Democrático, con su candidato presidencial Nito Cortizo, tendrá que hacer un impulso gigantesco para ganar las próximas elecciones, por el pésimo lastre que lleva a sus espaldas.
El autor es abogado y periodista

