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Clima extremo en Panamá: adaptación o desastre, no hay plan B

Clima extremo en Panamá: adaptación o desastre, no hay plan B
LP Elysée Fernández

Panamá ya está viviendo el cambio climático. Sequías persistentes, olas de calor, lluvias impredecibles e inundaciones repentinas afectan a miles de familias. Según el Informe sobre la Situación de Movilidad Climática en Panamá, publicado por el Ministerio de Ambiente en abril de 2026, entre 2012 y 2024 se registraron más de 15,400 desplazamientos internos causados por eventos extremos.

El problema no pertenece al futuro. La crisis ya está aquí y exige respuestas concretas: adaptarnos para convivir con el nuevo clima y reducir el daño ambiental que provocamos.

Tres frentes están particularmente bajo presión. El sector agropecuario enfrenta sequías y plagas que amenazan la seguridad alimentaria de miles de familias rurales. Así lo confirma la Tercera Comunicación Nacional sobre Cambio Climático de MiAMBIENTE (2020). En las costas e islas, el aumento del nivel del mar y la salinización de los suelos ponen en riesgo a comunidades enteras, especialmente en comarcas indígenas y zonas costeras.

El agua potable también se encuentra amenazada por la variabilidad climática. Consciente de ello, la Autoridad del Canal de Panamá impulsa proyectos de embalse destinados a garantizar tanto el suministro de agua para la población como el funcionamiento de la vía interoceánica.

Ante este escenario, Panamá cuenta con una hoja de ruta: el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, impulsado por la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR). El país lo ha adoptado mediante el Plan Estratégico Nacional de Gestión Integral del Riesgo de Desastres y el Sistema Nacional de Protección Civil.

El Marco de Sendai establece cuatro prioridades fundamentales: conocer los riesgos, fortalecer la gobernanza, invertir en prevención y prepararse para una recuperación efectiva.

En materia de adaptación, Panamá muestra avances. El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (NAP Panamá), desarrollado por MiAMBIENTE junto al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), prioriza la agricultura, la seguridad alimentaria, los sistemas costeros, la infraestructura y los asentamientos resilientes.

Además, se impulsa la planificación territorial, sistemas de alerta temprana y protocolos para la reubicación de familias cuando resulta indispensable. El informe sobre movilidad climática de 2026 propone un protocolo nacional para estas reubicaciones, coordinado entre SINAPROC y el Ministerio de Vivienda.

Por otro lado, el Decreto Ejecutivo 135 de 2021 creó el Sistema de Monitoreo y Evaluación de la Adaptación, integrado a la Plataforma Nacional de Transparencia Climática, con el objetivo de medir resultados y ajustar políticas públicas en tiempo real.

En mitigación, Panamá mantiene su condición de país carbono-negativo, es decir, absorbe más carbono del que emite. El país también trabaja en fortalecer infraestructuras, mejorar las respuestas rápidas y aumentar la coordinación entre MiAMBIENTE, SINAPROC y otras instituciones.

Todo esto se alinea con las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional y con los acuerdos alcanzados en las Conferencias de las Partes (COP) bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, en su Sexto Informe de Evaluación, advierte que países como Panamá deben combinar adaptación y mitigación, no escoger entre una u otra.

El Marco de Sendai no es solo un documento internacional. Se ha convertido en una herramienta para que Panamá pase de la vulnerabilidad al liderazgo regional. Invertir en conocimiento del riesgo, coordinar sectores y fortalecer la resiliencia resulta clave para proteger a productores rurales, comunidades costeras y garantizar agua para todos.

El desafío, sin embargo, continúa. Es necesario incorporar más activamente al sector privado, reforzar la educación climática y garantizar financiamiento real para estas políticas. Aun así, el balance ofrece señales esperanzadoras.

Con el Plan Nacional de Adaptación en marcha, mecanismos de monitoreo activos y el Marco de Sendai como orientación, Panamá cuenta con bases institucionales y voluntad política para transformar el riesgo climático en una oportunidad de desarrollo sostenible.

El clima no se detendrá. Panamá tampoco.

Adaptar y mitigar, utilizando herramientas comprobadas, es la única forma de proteger al país para las generaciones futuras.

El autor es empresario y comunicador.


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