[EXTRACTO]

En las cloacas del fútbol

Hubo un día en el que Lorine Lynch se plantó. En uno de esos viajes de fin de semana en los que solía acompañar de parroquia en parroquia a su marido, el pastor baptista Lorenzo Lynch, decidió no volver a utilizar los cuartos de baño para personas negras que había en las gasolineras o bares de carretera.

“No creo que fuera un momento muy crucial de su vida, simplemente llegó un día en el que lo sintió, vio la situación y dijo: “Esto no es justo y no lo voy a hacer más. Esta no es la América en la que creo; en la que quiero criar a mis hijos”, contaría muchos años después (hace pocos meses), la mediana de los tres hijos de los Lynch, que es la mujer que ha removido las cloacas del fútbol mundial y sacado a la luz un sistema corrupto que presuntamente ha operado durante dos décadas y que alcanza a las más altas instancias de este deporte.

La fiscal Loretta E. Lynch (Greensboro, Carolina del Norte, 1959) creció en Durham, en un sur de Estados Unidos (EU) aún muy lastrado por la segregación, pero le tocó una familia en la que el padre, predicador de cuarta generación y líder de la lucha por los derechos civiles, y su madre, bibliotecaria, esa que desafió las normas racistas, le marcaron a fuego una lección: no hay un camino alternativo a la lucha. Su abuelo, comunero, había dado cobijo a negros que huían de las leyes racistas de la época.

La hija del pastor Lynch también rompió su propio techo de cristal el pasado abril, al convertirse en la primera afroamericana en ocupar el puesto de fiscal general de EU, la segunda mujer después de Reno. Le avalaban una carrera de bajo perfil político que inició en la escuela de derecho de Harvard, donde se graduó en 1984, y como fiscal de Nueva York; allí asumió casos de corrupción, terrorismo y mafia.

Lynch hizo caminos de ida y vuelta entre el sector público y el privado. Al dejar la universidad, dio sus primeros pasos como abogada en una firma de Nueva York llamada Cahill Gordon & Reindel, donde era la única mujer negra, junto con Alysa Rollock y Anette Gordon-Reed.

El 3 de diciembre, cuando expuso la segunda fase de acusaciones de corrupción contra otros 16 cargos de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), la organización que dirige el fútbol mundial y mueve miles de millones, se expresó con contundencia: “El fraude a la confianza aquí es indignante, la escala de la corrupción es inadmisible, y el mensaje de hoy debería ser claro para cualquier culpable que permanezca en la sombra, esperando librarse de nuestra investigación: no escapará de nuestro foco”, advirtió.

Lynch arrancó la macroinvestigación sobre la FIFA cuando aún era fiscal de Nueva York, en un país donde el fútbol es un deporte minoritario, porque algunas de las operaciones irregulares se realizaron a través de bancos estadounidenses. Ya son 41, de momento, las personas o entidades envueltas en esta trama.

La lucha por los derechos civiles y humanos ha estado muy presente en su trabajo. En la década de 1990 trabajó probono (sin retribución) para el Tribunal Criminal Internacional de Ruanda, establecido tras el genocidio de 1994. En su hoja de servicios también destaca el caso de Abner Louima, un inmigrante haitiano que fue violado en 1997 por un policía uniformado en una comisaría de Brooklyn, cuando trabajaba en la oficina de la fiscalía, un proceso que tuvo una enorme repercusión política y mediática y para el que, según contó Lynch más tarde, tuvo que aislarse. Dos años después, el presidente Bill Clinton la nombró fiscal federal para Nueva York, cargo que ocupó hasta 2001.

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