Colón históricamente surgió por la necesidad de tránsito y la visión de acortar distancias entre dos océanos. Desde sus orígenes generó ganancias a través del uso de sus recursos hídricos y de su posición estratégica. Puertos, movimientos logísticos, zonas turísticas, Zona Libre, comercios diversos, etc. Llegó a convertirse en epicentro de inversionistas y punto de acumulación de riquezas para grupos internos que, por razones disímiles, terminaron dispersando su capital hacia otras zonas del país.
Han transcurrido los últimos tres quinquenios y Colón no despega; parece inmersa en su propio marasmo. Lo único que —entre comillas— se ha hecho es desalojar a su población y ubicarla en las afueras (Residencial La Feria y Altos de los Lagos), en espacios que muchos comparan con “campos de concentración”, donde, por inercia e inoperancia de las autoridades locales y nacionales, impera la ley del revólver y se han constituido en las primeras “barriadas condenadas del país”. ¿Cómo no aumentar los índices de violencia, criminalidad y muerte, cuando la seguridad pública es ineficaz y las unidades policiales parecen más orientadas a reprimir que a resguardar la vida y honra de los ciudadanos?
Existe un Ministerio de Seguridad que se percibe ineficiente, sin un plan efectivo de prevención y acción inmediata dirigido a controlar y disminuir los índices de violencia. Tampoco opera con eficacia la asistencia social, en el sentido de que algunas de sus instancias (Senniaf, Mides), más allá de programas preestablecidos, propongan y ejecuten estrategias para trabajar con las familias y la juventud, fomentando una mentalidad diferente y sentando bases para la recomposición social.
Asimismo, pese a que Colón aportó una cantidad considerable de votos al actual gobierno, no se ha logrado resarcir ese respaldo electoral. A casi dos años de mandato del presidente actual, se mencionan proyectos como Puerto de Telfers (terminal portuaria de contenedores con inversión estimada en 2,600 millones de dólares), expansión y fortalecimiento de la Zona Libre de Colón, inversiones en infraestructura pública y social, y otras actividades económicas incluidas en el Plan Estratégico de Gobierno, todas con proyección hacia 2027 o más allá.
Mientras tanto, Colón se asemeja a una gran pieza arqueológica o a una región con evidencia de algún conflicto bélico de grandes magnitudes: casas condenadas por doquier, sin poder demolerse por acatamiento a la norma de “patrimonio histórico”; aguas servidas, escasos comercios, calles en condiciones desastrosas, limitadas posibilidades de inversión dentro del casco viejo, desplazamiento demográfico, altas tasas de desempleo, dolor y zozobra dibujados en los rostros de los transeúntes habituales del Paseo del Centenario (parque central). A esto se suma el centralismo gubernamental que nos condena a la desidia, la inactividad alcaldicia y la escasa iniciativa de la representación del Ejecutivo en la provincia. En fin, los valientes, los héroes y los colonenses raizales, desde diferentes trincheras, gremios profesionales y pequeños comercios, son quienes alzan su voz para denunciar las condiciones funestas de la provincia de Colón.
No cabe duda de que vivimos en un sistema económico-político que nos condena, nos margina y no respeta plenamente el derecho a la vida, privilegiando intereses grupales y partidistas. De hecho, partidos políticos con fines electoreros y personalidades coyunturales actúan muchas veces con pretensiones de enriquecimiento injustificado; en lo macropolítico, un Ejecutivo identificado con donantes y círculos cercanos, configura un escenario que parece una película digna del cine político.
Lo cierto es que Colón no merece ese abandono prolongado, asociado incluso a posibles proyectos históricos de parques de contenedores o iniciativas similares en sus dieciséis calles. Gobiernos vienen y van y, al parecer, todos coinciden en mantenernos como “zona de restricción”; y cuando hacen algo, lo hacen a medias y con costos elevados.
Consideramos que los partidos políticos y ciertos sectores económicos, mediante una ideología manipuladora de masas, han contribuido a profundizar la “lumpenización y alienación” en esta zona geográfica, situación que favorece intereses de saqueo y marginación de la provincia. No queda más que unirnos y defender nuestra existencia colectiva e histórica frente a gobiernos inoperantes y lesivos de nuestros intereses. Amanecerá y veremos.
El autor es profesor.


