Bajo el título ¿Quién mató a Remón?, Cesar Díaz Brandao ha publicado un libro sobre el asesinato del entonces presidente de la República, José Antonio Remón Cantera, ocurrido el 2 de enero de 1955.
Deseo, en primer lugar, destacar dos aportes que contiene la obra a lo que hasta ahora se ha escrito en torno al magnicidio de Remón. Se incluye una entrevista con Manuel A. Noriega mientras estuvo recluido en El Renacer.
Noriega, un oficial que estuvo muy vinculado a los servicios de inteligencia de la Guardia Nacional, reafirma la tesis de que quien disparó al presidente esa noche en el Hipódromo Juan Franco fue el cadete Edgardo Tejada. Tejada fue de los primeros sospechosos y estuvo detenido inicialmente por su presunta vinculación con el caso.
Encuentro interesante la publicación de documentos desclasificados por los Estados Unidos sobre el asesinato. En particular, llama la atención el altercado que registran los archivos de la Brigada 470 del ejército de Estados Unidos, destacados en la Zona del Canal, entre los entonces comandantes de la Guardia Nacional, Bolívar Vallarino y Timoteo Meléndez. En dicho altercado, los americanos registran cómo Vallarino acusa a Meléndez de haber matado a Danilo Sousa, un testigo presencial ya que estaba en el hipódromo ese día pero que sospechosamente fue detenido en el área del crimen, metido a un patrulla por órdenes de Meléndez. Sousa llegó muerto al hospital Santo Tomás.
El autor asume que las reglas del debido proceso en el juicio seguido a José Ramón Guizado, vicepresidente de Remón, y quien se encargó de la presidencia, fueron respetadas. El juicio a Guizado fue un juicio político, plagado de irregularidades, llevado a cabo por los diputados de la Asamblea Nacional sin el menor apego al debido proceso. La supuesta instrucción del caso así como el juicio en sí, fueron manipulados y se condujeron al margen de toda garantía procesal, un hecho ampliamente documentado por prestigiosos juristas de la época.
El propio autor reseña irregularidades evidentes como las declaraciones de Eduardo Grau – que él mismo califica de “explosivas” – en las que señalaba directamente a dos de los tres comandantes de la Guardia Nacional de haber estado involucrados en la planificación de un golpe contra Remón pero que fueron rechazadas por el fiscal Francisco Alvarado así como por la Comisión Investigadora de la Asamblea Nacional, la cual, valga recordar, estaba constituida en su totalidad por diputados que habían votado ya separar de la presidencia a Guizado.
Parece no llamarle la atención, por otro lado, cómo se conducían indagatorias en horas de la madrugada, hecho totalmente anómalo, injustificado y al margen del debido proceso. Consta en su propio libro que se obligó a declarar a detenidos como al mismo Rubén Miró el 14 de enero a las 4:15 a.m., y al ingeniero Nieves Pérez el 20 de enero, a la 1:25 a.m., o el careo que se llevó a cabo entre Rodolfo de Saint Malo con Nieves Pérez el 20 de enero, que tuvo lugar a las 2:00 a.m., así como otros tantos casos más.
El texto incluye otras tantas contradicciones que la limitación de espacio no permiten enumerar, así como se ignora mucha información relevante, que se encuentra en la bibliografía citada por el autor, pero que no encontró cabida en sus páginas.
El autor es banquero

