Una de las técnicas más recurrentes utilizadas por los poderes en Panamá para despistar a la opinión pública es la creación de comités de “alto nivel” para tratar cosas bastante obvias. No digo que sean asuntos fáciles los que tratan estos comités, pero lo cierto es que las soluciones a los problemas planteados podrían ser formuladas por expertos locales, nada ignorantes y profundos conocedores de las fallas estructurales del país.
Que tenemos un problema con la Caja de Seguro Social, comité de expertos; que la Justicia es inoperante y se escora hacia los poderosos, comité de expertos; que no sabemos muy bien cómo manejar a las garzas del Palacio de Las Garzas, pues comité de expertos; que una filtración masiva de documentos de un bufete de abogados muestra las vergüenzas que todo panameño bien conectado conoce, pues ahí sí que comité de expertos internacionales y nacionales que parecen internacionales, aderezado con premio Nobel y acentos diversos…
Los comités de expertos suelen tener una función básica: alargar los diagnósticos hasta que la opinión pública se olvide de qué trataba el asunto que los expertos estaban tratando. No suelen ir más allá.
A veces la comisión sale mal. La renuncia de Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, y el suizo Mark Pieth, profesor de derecho penal y criminología de la Universidad de Basilea, a la comisión que debía inventar la rueda, ha mostrado que tratar a los invitados como a los de casa (es decir, ninguneando su capacidad de relacionarse con la opinión pública) no funciona. Ni modo. Tampoco pasa nada. Lo importante era diluir el asunto del paraíso fiscal que decimos que no somos y que pareciera que realmente teníamos interés en cambiar algo. Es como cuando en septiembre de 2008, el entonces presidente francés, Nicolas Sarkozy, anunció que se iba a “refundar el capitalismo” y que para hacerlo convocaría antes de final de ese año a “los principales líderes mundiales” para reconstruir, “partiendo de cero”, el sistema financiero internacional. Ni se refundó ni se partió de cero, pero el anuncio le dio buenos titulares y la comisión de líderes prometida se quedó en un par de cocteles en los que, a buen seguro, se rieron de nosotros.
El Gobierno panameño ahora anda explicando que Stiglitz y Pieth son un poco histéricos y que no entendieron el mandato “preciso” del presidente Varela. Eso dice Alberto Alemán Zubieta, un experto en estar en la papa y que nunca le salpiquen los escándalos. Lo que no entiendo es cómo el Ejecutivo tiene tantos reflejos para algunas cosas y es tan sumamente distraído para otras. Miren si no: a lo de la comisión de “alto nivel”, reacción inmediata; al anuncio del papa de que Panamá será la sede de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de 2019, video promocional a las pocas horas con José Domingo Ulloa de estrella principal, haciendo de Rubén Blades en la cinta costera (aquellas cuyas coimas también se han olvidado)… sin embargo… sin embargo, silencio administrativo ante las acusaciones del fiscal del departamento de Cooperación Internacional de la Fiscalía de Brasil, Carlos Bruno, quien acusó a Panamá de no prestar cooperación en las investigaciones sobre corrupción que adelanta el gigante y corrupto del sur.
La historia es redonda y con las acusaciones del fiscal brasileño volvemos al comité internacional independiente de expertos que evalúan la plataforma de servicios financieros del país… de un país que protege a los corruptos internacionales que inyectan dinero a nuestra economía a cambio de que nuestros poderes públicos miren hacia otro lado, cuando las aguas bajan cargadas de porquería.
No hace falta una comisión para detectar el lavado de dinero, la interposición de sociedades, la evasión de impuestos, las contrataciones directas de empresas corruptas, las delgadas esclusas construidas por los quebrados españoles, la especulación comercial que hace imposible que una familia panameña promedio pueda acceder a productos básicos de consumo… Solo hace falta estar en el reparto del cake para no darse cuenta que la masa está podrida.
En todo caso, a Varela todo esto que cuento le debe parecer baladí. De aquí al 2019 solo estará concentrado en preparar la JMJ y en rezar mucho para el acuerdo de la Autoridad de Turismo con la Iglesia católica provoque un crecimiento económico tan brutal que disimule la falta de un plan para el país, a largo plazo, que siente las bases de un modelo productivo alejado de la especulación y el lavado de dinero.
Panamá no necesita más expertos, necesita más patriotas panameños dispuestos a renunciar a las mieles del dinero fácil para construir una sociedad de crecimiento sostenible y libre de la manipulación medieval de los grupos que asisten a la injusticia cotidiana desde el sillón de su casa y que solo saltan a la calle cuando se les invitan a usar un condón.

