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¿Cómo asegurar que nuestra riqueza llegue a toda la población?

‘Una sociedad crece fuerte cuando los hombres mayores plantan árboles bajo cuya sombra nunca se sentarán’.

Este proverbio griego encierra una verdad simple: el verdadero progreso de una nación no se mide por cuánto disfruta hoy, sino por cuánto invierte en la prosperidad de quienes vienen después. Panamá ha tenido “potencial” durante décadas, solo necesita desarrollarlo para que se convierta en un país que hace las cosas bien.

Hoy, mientras debatimos el futuro económico del país, existe una discusión relevante sobre la mina [de Donoso] y cómo utilizar los ingresos: ¿simplemente transferirlos al Estado para el gasto anual?, ¿crear otra entidad como la ACP? o ¿podemos hacer algo realmente duradero, que deje un legado tangible para todas nuestras futuras generaciones?

Una propuesta transformadora que consiste en la creación de un Fondo Soberano Intergeneracional que capitalice los ingresos mineros y los traduzca en capital humano y patrimonial para las siguientes generaciones de panameños. En lugar de gastar esos recursos en el corto plazo, podríamos invertirlos en la educación, la productividad nacional y, sobre todo, en cuentas individuales de capital que permitan a cada joven panameño tener una base económica fuerte al llegar a la adultez.

La realidad del Canal de Panamá

Para entender qué significa realmente administrar bien una fuente de riqueza nacional basta mirar al Canal de Panamá. En el año fiscal 2025 la Autoridad del Canal de Panamá reportó ingresos por alrededor de $5,705 millones, un aumento de más del 14% respecto al período anterior.

De estos ingresos, una parte sustancial se transfiere al Tesoro Nacional, donde, históricamente, se han utilizado para financiar el presupuesto general del Estado. Entre 2000 y 2025, el Canal ha aportado cerca de $28,000 millones al fisco panameño, según datos del Instituto de Estudios Nacionales.

Sin embargo, gran parte de ese dinero termina financiando subsidios (transporte, energía o educación) dentro del Presupuesto corriente, lo que, si bien tiene impactos sociales positivos, también puede hacer que el gasto público se vuelva recurrente y difícil de reemplazar.

Esta lógica de subsidios, aunque cumplen una función social, tiende a postergar los debates estructurales sobre eficiencia pública, calidad de los servicios y sostenibilidad fiscal, transformando riqueza estratégica en gasto permanente en lugar de inversión productiva de largo plazo.

¿Y si pensamos más allá del gasto corriente? Aquí es donde entra la idea del fondo soberano intergeneracional y su componente de cuentas individuales para las futuras generaciones de panameños. En lugar de usar la renta minera para cubrir brechas presupuestarias año tras año, podríamos vincularla a capital económico de largo plazo para quienes verdaderamente representarán el futuro del país: los nacidos después de la creación de esta estructura .

Con supuestos realistas como destinar una fracción de los ingresos al Fondo y capitalizarlos con inversión nacional y extranjera durante un periodo de front loading de cinco años, los números indican que un joven panameño podría tener un capital acumulado de $18,000–$22,000 al cumplir 18 años y hasta USD $28,000–$35,000 al llegar a los 25. Este capital estaría disponible para fines concretos: educación, emprendimiento, vivienda o inversión productiva.

Esto no es un “cheque anual” que genera titulares de periódico por unas semanas. Es un activo patrimonial real que cambia vidas y eleva la productividad.

Sí, no es sencillo… pero tampoco es imposible. Solo hay que ver cómo otros lugares ya han implementado modelos similares a éste, como el Fondo Global de Pensiones del Gobierno de Noruega o el Alaska Permanent Fund, ambos diseñados para transformar riqueza estratégica en prosperidad duradera para sus ciudadanos.

Quiero ser claro, este proyecto no es simple. Requerirá: clarificaciones técnicas, coordinación entre múltiples instituciones del Estado, compromiso ciudadano, y diálogo político profundo.

No es una panacea y no se construye de la noche a la mañana. Pero sí es posible si nos proponemos diseñar sistemas que miren más allá de los ciclos electorales y pongan a las futuras generaciones en el centro de la política pública.

La solución a la riqueza de la mina no tiene porqué ser una entidad gubernamental que simplemente “pague al Estado” o que termine financiando el gasto corriente. Podemos imaginar y construir algo mucho más ambicioso: un contrato intergeneracional, una política de Estado que traduzca recursos finitos en capital humano y patrimonial infinito.

Esta idea merece ser debatida con seriedad, datos y visión de largo plazo. Panamá puede - y debe - ser más que un país con potencial.

Puede ser un país que logra construir prosperidad incluso para quienes hoy aún no han nacido.

El autor es abogado.


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