Hoy termina el mes de marzo, que ha sido, por decir lo menos, catastrófico para el mundo. Una guerra que inició a finales del mes de febrero y que, supuestamente, no tomaría mucho tiempo, lleva ya más de un mes y no hay visos de ver un final cercano ni productivo para la misma. Hay un dicho que reza que, cuando las cosas no empiezan bien, es casi imposible que terminen bien.
Lo curioso, por no decir chistoso, es que una de las partes, la misma que advirtió que sería una confrontación corta, también ha anunciado que a su rival no le quedan lanzadores de misiles, pero misteriosamente este lanza 5 o 6 al día contra sus aliados de la región. Anuncian que no van a invadir con tropas vía terrestre, pero mandan miles de hombres al área para que estén preparados. Anuncian negociaciones, que su rival desmiente haber tenido. Les advierten a estos que los bombardearán si no terminan de negociar y, cuando llega la fecha “advertida”, posponen unilateralmente la fecha de la “destrucción total”.
En la mitad de todo esto está la población civil del país atacado y de los países a su alrededor. En la parte económica, llega el famoso ardid panameño del “juega vivo”. Solo el 20% del combustible del mundo pasa por el estrecho bloqueado y, en su gran mayoría, va hacia el oriente, pero el resto del mundo incrementa el precio de este alrededor de un 20-25%. En Panamá, nuestro combustible viene del estado de Texas en Estados Unidos; para los ignorantes es difícil de entender, pero lo sufrimos diariamente.
Por coincidencia, los dirigentes de los dos países atacantes, que han alegado que el atacado estaba a punto de atacarlos, aunque la inteligencia de ambos países lo ha negado, han sido mencionados o estaban cerca de ser “derrocados” por una razón u otra. ¿Será solo una coincidencia?
Y, hablando de combustible, en Panamá pareciera que han aprovechado la situación para desempolvar un proyecto de ley para obligar a los panameños a pagar más por un galón de combustible, al tener que agregarle etanol, que es un elemento que proviene de la caña.
Según expertos en el tema consultados por este servidor, si la ley se aprobara, el impacto económico implicaría un incremento de cerca de 120 millones de balboas anuales, contra un beneficio en el incremento de salarios en empleos de un poco menos de 75 millones de balboas. Además, los mismos expertos manifiestan que se requeriría llenar más frecuentemente los automóviles para poder recorrer la misma distancia. O sea, “Congolandia”, como diría mi amigo Edwin.
La otra alternativa, que resultaría más económica para el consumidor, pero no generaría los empleos con los cuales nos quieren vender el proyecto, es importar el etanol de otro país. Esto ya lo hacen nuestros vecinos colombianos. Imagínense ustedes que un país que produce y refina su petróleo para producir combustible para autos tiene sembradíos de caña que superan a los nuestros, pero, para poder ofrecer un precio competitivo, deben importar el etanol. Y eso que el costo de la mano de obra allá está lejos de igualarse a la de acá.
Sinceramente, no le veo el gran beneficio para los consumidores que esto significaría y, si veo al ex condenado y prófugo hablando a favor del proyecto, nada bueno debe venir detrás de este.
Y, para terminar, quisiera exhortar a los diputados que, por favor, ahora que deben elegir a un nuevo Defensor del Pueblo, lo hagan pensando en quienes votamos por ustedes. No en el que más le convenga a un partido u otro. Los animo, de la manera más humilde posible, a que comparen a quienes estén aspirando a esa posición con quien considero ha sido el mejor de todos. Juan Antonio Tejada dejó un camino marcado, que con solo haberlo seguido hubiera sido todo un éxito. Sin embargo, varios conocemos lo que les sucedió a otros que lo sucedieron.
Es hora de que todos, gobernantes y gobernados, empecemos a pensar y a trabajar en transparencia, justicia, democracia, igualdad, valores ciudadanos y, más simple todavía, pensemos en el Panamá de nuestros hijos y nietos.
El autor es dirigente cívico y analista político.


