Desde hace muchos años, varios países de la América hispanohablante hemos mirado hacia el norte buscando orientación, apoyo, educación, así como seguridad y otras tantas cosas que no cabrían en este escrito. Para otros tantos, el “famoso” sueño americano, que por solo el título debió haber hecho que sonaran varias alarmas. Pero bueno, en otra ocasión hablaremos de geografía, ¿verdad?
Habrán pasado unos ocho años desde que conversé con una persona a quien quiero mucho y le decía que el mundo estaba cambiando y que, infortunadamente, los únicos que no se habían dado cuenta eran los estadounidenses.
Estados Unidos de América, con una moneda fortalecida, se había encarecido para muchos y, desde mi balcón, he llegado a pensar que los estadounidenses estaban convencidos de que ellos podían vender todo más caro que el resto del mundo: porque lo habían inventado, porque querían vivir mejor que el resto del mundo o porque tenían un monopolio y, gracias a grandes negociadores, habían logrado obtener, por una vía u otra, grandes beneficios en sus negociaciones.
Así, habían trasladado algunas de sus fábricas a Oriente, el Pacífico Sur y América Latina, donde encontraban mano de obra barata, gobiernos complacientes y buenas rutas marítimas que les permitían seguir viviendo opíparamente, mientras otra parte del mundo no era capaz de sacar beneficios similares en esos negocios.
De hecho, aplaudían cuando “competidores” en otros países se aliaban con ellos y hasta les permitían que les hicieran competencia, mientras no atentaran demasiado contra sus propios negocios.
Hasta aquí, todo iba bien, pero un gigante asiático empezó a desafiar esa hegemonía y a manipular, por no decir explotar, su mano de obra barata, mientras se copiaban o “pirateaban” inventos occidentales. Así, casi sin darnos cuenta, empezaron a construir una base de negocios que hizo que el resto del mundo los viera con otros ojos. Al inicio, no representaron gran amenaza, pues la calidad de los productos dejaba mucho que desear, pero paulatinamente empezaron a mejorar y hoy compiten casi de tú a tú con cualquiera.
El pueblo estadounidense, en su gran mayoría, es un pueblo noble, y eso que no existe una hegemonía en su idiosincrasia, orígenes, apariencias o gustos. Ha sido, por tradición, un país de inmigrantes, desde los primeros que llegaron del Viejo Continente en el Mayflower hasta las más recientes inmigraciones de ciudadanos de países africanos y de América. Esto ha hecho que cada región de ese gran país piense, se alimente, se comporte y reaccione de una manera diferente.
Hace cerca de dos años eligieron a un dirigente que, ya sea porque estaba convencido de que podía hacer retroceder en el tiempo al resto del mundo o, sencillamente, porque tenía otro tipo de intereses en mente, ha tomado decisiones cuyas consecuencias trascienden sus fronteras. La realidad es que hoy en día, y a menos de dos meses de las próximas elecciones “de medio término”, esa gran nación se ha visto inmersa en una serie de confrontaciones bélicas totalmente innecesarias.
La más reciente, la guerra contra Irán, ha producido una inestabilidad económica en el mundo entero que muchos están comenzando a comparar con la Gran Depresión de los años 20 y ha hecho que los precios de los combustibles, víveres, fertilizantes y muchos otros productos se hayan disparado a niveles preocupantes.
Mientras tanto, ha permitido que se promuevan acciones que podrían provocar que los niveles de salud se vean afectados; ha actuado en contra de algunos inmigrantes, legales o no, y ha hecho que muchas personas vivan en un ambiente de terror, varias de las cuales votaron por él.
Veo varios posibles escenarios como resultado de las elecciones de noviembre, y uno de ellos podría significar que pierda el control del que actualmente goza en el Congreso estadounidense, lo cual podría llevarlo a ser juzgado por algunas de sus actuaciones y a perder la investidura obtenida en las urnas.
Esto podría tranquilizar parcialmente a las fuerzas armadas y a las bolsas mundiales, entre otras cosas, pero ¿serán esas las únicas consecuencias?
Ese país necesita sanar heridas, volver a verse como hermanos y trabajar para recuperar el tiempo perdido. Ellos y el resto del mundo lo necesitamos.
Amanecerá y veremos.
El autor es dirigente cívico y analista político.

