¿Cómo inicio lo que quiero compartir a otros y tener un impacto? Ante este primer escollo, trato de solucionarlo trayendo un enunciado que se ha convertido casi en lema “La tuberculosis (TB) es un problema de salud pública de emergencia mundial. Es curable desde hace más de 50 años. Los fundamentos científicos para el control de esta en la comunidad se conocen desde hace más de 40 años”.
Sin embargo, la TB sigue siendo una de las enfermedades infecciosas más mortales del mundo. Cada día, más de 4,000 personas mueren por tuberculosis y cerca de 30,000 enferman por esta causa. En las Américas, cada día mueren más de 70 personas y cerca de 800 enferman por esta enfermedad.
Los esfuerzos mundiales para combatir la TB han salvado aproximadamente 74 millones de vidas desde el año 2000. Sin embargo, la pandemia de la covid-19 y las desigualdades socioeconómicas han revertido años de progreso en la lucha contra la tuberculosis y han aumentado aún más la carga sobre los afectados, especialmente los más vulnerables.
Panamá ha tenido avances en materia legal, tecnológica y en salud. Es uno de los pocos países que ha desarrollado su ley de TB desde el 2020 y la norma técnica en el 2017. Cuenta con tecnología para su diagnóstico y con los medicamentos más actualizados para su tratamiento.
El tema de la TB tiene gran envergadura. Tal es así que en septiembre de 2023 se realizará en Nueva York la Asamblea de Naciones Unidas, dentro de las cuales se llevará a cabo tres foros de alto nivel.
Uno de ellos estará dedicado a analizar los avances y las brechas en tuberculosis.
El 24 y 25 de abril de este año, Panamá fue escenario de la Cumbre Parlamentaria de Tuberculosis en las Américas, que contó con la participación de parlamentarios de siete países de la región y organizaciones de la sociedad civil de varios países más. Su objetivo fue el de elevar una voz consensuada al foro de alto nivel de Naciones Unidas con un documento denominado “La Declaración de Tuberculosis de Panamá”.
La Organización Panameña Contra la Tuberculosis (OPAT) y la Aids Health Foundation (AHF) jugaron papeles como apoyo a este evento, así como en la discusión para la confección de este importante documento.
Ante escenarios como la pandemia de la covid-19, entre otros, se ha puesto en riesgo el progreso hacia el fin de la tuberculosis; sin embargo, ha dejado lecciones y experiencias aprendidas, que pueden aportarnos oportunidades innovadoras antes no visualizadas. La OMS/OPS recomienda a los países a invertir en tuberculosis.
¿A dónde se han ido estas inversiones? ¿Serán las acciones más relevantes? Muy probablemente se han destinado a estrategias de mayor prioridad. La pregunta es, ¿qué estamos logrando con ello?
¿Qué tal si nos permitimos introducir nuevos elementos en el escenario? Planificación participativa y talento humano altamente motivado.
En procesos de cambio para conseguir resultados deseables, autores como Stone, Freeman y Gilbert nos plantean tres pasos, colocando al talento humano en el centro. El primero es que la organización define la evidencia del cambio. El segundo, identificar nuevos valores, actitudes y conductas que los representa, y por último, asegurar el nuevo patrón de conducta, por medio de mecanismos de apoyo o refuerzo. Kurt Lewin enmarca este proceso de cambio en donde la organización se debate entre las fuerzas impulsoras y restrictivas para un equilibrio. Muchos cambios no se den por la incertidumbre en interactuar en medio de las diferencias y rechazamos por temor a las personas que promueven las ideas nuevas. En el proceso perdemos el talento humano de valor y motivado.
La pandemia obligó al mundo a invertir en salud, donde no se tenía previsto. Panamá hizo lo propio en ello, en tecnología diagnostica laboratorial, prevención mediante vacunas y, muy importante, lo destino a fortalecer una amplia red de salud conformada por equipos de tuberculosis con experiencia, integrada con la comunidad mediante estructuras políticas ya organizadas, que con resultados rápidos y efectivos generaba confianza.
Esta respuesta en materia de prevención mostró solidez en la búsqueda de casos mediante equipos de respuesta llamados de trazabilidad y de respuesta rápida, aislamiento, tratamiento y seguimiento de necesidades en salud, alimentación y otros, aprovechando lo existente con lo innovador. En ello, Panamá se convirtió en un país líder en la región, recibiendo elogios de los organismos internacionales. Es decir, se aplica la teoría con la respuesta en campo que implementó el país: se mostró la evidencia de un cambio y se generaron nuevos valores, conductas y actitudes.
Panamá cuenta un modelo exitoso que nos dice que con voluntad sí se puede y que lo podemos aplicar de forma similar para esta enfermedad y hacer valer nuestra palabra dada como país al mundo de “Poner fin a la tuberculosis en el año 2035″.
El autor es vicepresidente de la Organización Panameña Antituberculosa (OPAT)
