Durante la jornada de un día de semana llueve fuerte, con truenos y relámpagos. El ambiente en la sesión se presta para profundizar. Escucho con atención los recuerdos de días de lluvia de antaño y el relato de una historia dolorosa que suena como si estuviera leyendo la lista del supermercado. Yo me conmuevo; me inunda la tristeza con la que él no está pudiendo conectar. Lo invito a pausar y a sentir, tratando de encontrar ese eslabón perdido.
En este breve ejemplo intento compartir una imagen del tipo de trabajo que se realiza en un encuadre psicoterapéutico. Este tipo de trabajo puede parecer extraño para quienes no han tenido la experiencia de asistir a terapia; sin embargo, puede ser crucial para ayudar a resolver enigmas del pasado que continúan afectando a nuevas generaciones de una familia.
Ya lo decía el padre del psicoanálisis, el Dr. Sigmund Freud: el pasado no resuelto vuelve al presente en forma de síntomas, fracasos o vínculos destructivos, obligando a actuar aquello que no se puede recordar. Y, para muestra, un botón: el mito de Edipo Rey, en el que el pasado que se intenta enterrar termina encontrando el camino para manifestarse inevitablemente, atrapando a las siguientes generaciones.
Mientras la cultura actual fomenta la gratificación instantánea y las soluciones rápidas, el psicoanálisis propone el tiempo, la espera y la escucha profunda para procesar los conflictos inconscientes y el malestar. Bajo esta premisa, se invita al paciente a pensarse, a profundizar en su historia y sus recuerdos, y a entenderse mejor a sí mismo.
Esto es precisamente lo que más necesitan nuestros hijos: acudientes valientes que se atrevan a adentrarse en sí mismos, en sus pasados y en sus conflictos. A través de este trabajo, podrán ofrecer a sus hijos y nietos una mayor presencia emocional, una conexión más profunda y una mejor calidad de vida.
Al comprender que la salud mental parental impacta profundamente el desarrollo mental infantil, así como la salud mental de los adolescentes, se hace evidente que criar a los hijos mientras se participa activamente en un proceso psicoanalítico puede favorecer habilidades de autorregulación emocional, una mayor conciencia de sí mismo y la posibilidad de interrumpir patrones de sufrimiento que se repiten de generación en generación.
De esta manera, se evita perpetuar dinámicas familiares disfuncionales y se reducen niveles de estrés que pueden derivar en explosiones emocionales. Para lograrlo, resulta fundamental detenerse y abrir un espacio para pensar. Es a través de la conexión con nuestro mundo interno que podemos conocernos mejor e ir descubriendo nuestros verdaderos deseos, fantasías, temores y emociones reprimidas que influyen en nuestro comportamiento.
Asimismo, estaremos modelando para nuestros hijos, a través de la interacción cotidiana, formas más saludables de comunicarnos, resolver conflictos y construir nuevas vías de entendimiento que favorezcan relaciones más satisfactorias. Y, después de todo, ¿no consiste gran parte de la felicidad en tener mejores relaciones con las personas que nos rodean y son importantes para nosotros?
De forma similar, cuando una pareja, un padre o una madre toma la decisión de iniciar un proceso terapéutico para su hijo o hija, realiza una invitación, consciente o inconsciente, al analista para entrar en sus vidas. Entonces comienza un esfuerzo conjunto en el que el paciente aporta su experiencia y sus asociaciones, mientras el analista brinda su escucha y sus herramientas técnicas para, juntos, descifrar el origen inconsciente del malestar.
Para ello, es necesario que el paciente adopte una posición activa dentro del proceso. Se forma así una alianza terapéutica basada en un vínculo afectivo de confianza que puede servir como modelo para futuras relaciones interpersonales.
Al abordar este tema surge en mi mente una escena de la película Jerry Maguire (1996), en la que Tom Cruise, interpretando a Jerry Maguire, le dice a su cliente Rod Tidwell: Help me help you, frase que puede traducirse como: “Ayúdame para poder ayudarte”. En ese momento, el personaje interpretado por Cuba Gooding Jr. lo toma como una broma.
Sin embargo, más adelante, Rod le responde: You bet on me, like I bet on you, es decir: “Apuesta por mí, de la manera en que yo aposté por ti”. A partir de ese momento, la relación entre ambos cambia, desarrollan una mayor comprensión mutua y sostienen conversaciones más profundas. Algo similar ocurre en la alianza terapéutica.
Me despido pensando que en esta vida es necesario poder mostrar la propia vulnerabilidad y confiar en otro para coconstruir juntos algo nuevo y diferente.
La autora es psicoterapeuta psicodinámica en consulta privada.

