Ya sea caminando sobre arenas movedizas o sobre cáscaras de huevo, el gobierno electo intenta cumplir una agenda que no necesariamente representa el mandato de la mayoría que no lo eligió. El presidente ha enfrentado grandes retos, y sus maniobras con las fuerzas oscuras requieren una destreza que, hasta ahora, no parece haber demostrado, pues está perdiendo.
El ejemplo más reciente es el presupuesto 2025, donde se pregonaba contención del gasto, pero la última versión no reflejó tal intención. La versión original era un documento razonado y técnicamente elaborado, pensado en un Panamá mejor y proyectado hacia el futuro. Sin embargo, en un esfuerzo por complacer políticamente a las mismas fuerzas que lo llevaron al poder, ignoraron la posibilidad de que las agencias calificadoras rebajen las calificaciones crediticias del país. Esto podría convertir su reciente viaje a Francia, en busca de sacar al país de las listas grises, en meras vacaciones. ¿Qué sería peor, que nos saquen de las listas grises o perder el grado de inversión por una política fiscal deficiente?
Cuando los diputados aprobaron la ley del 7% del Producto Interno Bruto (PIB) para educación, no dimensionaron, o desconocían por completo, el alcance de esta medida. Lo peor es que aún persisten algunos de estos legisladores en la Comisión de Presupuesto, insistiendo en leyes absurdas y mal concebidas, nacidas de la ignorancia y del afán de imitar modelos de países desarrollados.
Para entender el impacto de ese 7% del PIB, es necesario recordar que el PIB representa el valor monetario de todos los bienes y servicios finales producidos en el país. Por ejemplo, si yo vendo limones a un mayorista, quien los revende a un distribuidor, y este a su vez a tiendas que los venden a quienes hacen limonadas, y estos a una fonda para el cliente final, todas estas transacciones forman parte del PIB. Asumiendo un PIB de B/.100 mil millones, el 7% destinado a educación equivaldría a B/.7 mil millones.
Ahora, si analizamos los B/.30 mil millones que se contemplan en el presupuesto, incluyendo ingresos fiscales, aportes del Canal y otros, vemos que no alcanzan para cubrir todo. Se requiere más endeudamiento, una política común de todos los gobiernos: gastar más de lo que ingresa. Si el déficit proyectado es de B/.4 mil millones, los ingresos presupuestarios reales sumarían B/.26 mil millones. Restando los B/.7 mil millones destinados a educación, quedarían solo B/.19 mil millones para cubrir todos los demás gastos del Estado, incluyendo el servicio de la deuda pública, lo cual resulta claramente insuficiente.
En lugar de acoger recomendaciones de políticas fiscales realistas, el Ejecutivo y Legislativo han optado por “más de lo mismo”. Han perdido la oportunidad de reformar leyes absurdas como esta, junto con otras que contemplan jubilaciones especiales y aumentos automáticos, beneficios exclusivos para unos pocos en detrimento de la mayoría. No hay contención del gasto; se perpetúan distorsiones que benefician a unos pocos, marginando a la mayoría que no votó por ellos.
Ingenuamente, en su mensaje a la nación, el ministro Chapman exhorta a los contribuyentes a pedir facturas y contribuir al combate de la evasión fiscal. Pero, como todo buen padre de familia, el Estado debe dar el ejemplo, algo que no está haciendo. La desilusión crece, sobre todo entre quienes no apoyaron al “Cartel Político 2024″, ya que aquellos bien acomodados no enfrentan dificultades.
La contención del gasto tampoco se aplica a los nuevos nombramientos con altos salarios para allegados, el escandaloso nepotismo en una universidad estatal y los rumores de familiares del dictador emplantillados en el gobierno. Anteriormente sugerí que el presidente debía ser un Hércules para enfrentar estos problemas; sin embargo, a este ritmo, parece que ni siquiera será un “Herculito” para aplastar una lombriz.
Es comprensible que no deseen realizar una encuesta de satisfacción ciudadana sobre la gestión gubernamental, pues resultaría tan reveladora como las pruebas PISA que se dejaron de lado para evitar saber lo mal que está la educación en Panamá. Claro, hay encuestas y encuestas.
El autor es ciudadano.