El virus del papiloma humano, conocido como VPH, es una de las infecciones virales más frecuentes en el mundo. La mayoría de las personas lo adquirirán en algún momento de su vida, muchas veces sin saberlo, porque suele no causar síntomas. En la mayoría de los casos, el organismo elimina el virus de manera natural. Sin embargo, cuando la infección por tipos de alto riesgo persiste, puede producir cambios celulares que, con el paso de los años, se convierten en cáncer.
Durante mucho tiempo se habló del VPH casi exclusivamente como causa del cáncer cervicouterino o de verrugas en el cuerpo. Hoy sabemos que su impacto es más amplio: también está relacionado con cáncer de ano, pene y orofaringe, es decir, tumores que afectan zonas de la garganta, la base de la lengua y las amígdalas. Por eso, estudiar el VPH en la población no es un asunto limitado a las mujeres ni a los servicios ginecológicos; es una prioridad de salud pública que nos involucra a todos.
¿Qué se observa?
En cuanto al cáncer cervicouterino, las estimaciones globales de GLOBOCAN 2022 reportaron aproximadamente 662,000 casos nuevos y casi 349,000 muertes. Estas cifras muestran una realidad contundente: aunque contamos con vacunas, pruebas de detección y tratamiento de lesiones precancerosas, miles de personas siguen enfermando y muriendo por cánceres que podrían prevenirse.
En América Latina y el Caribe, la carga sigue siendo alta y desigual. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) informó que en 2022 casi 79,000 mujeres fueron diagnosticadas con cáncer cervicouterino en la región de las Américas y más de 40,000 murieron por esta causa. La mortalidad en América Latina y el Caribe es aproximadamente tres veces mayor que en Norteamérica. La prevalencia de infección cervical por VPH también es elevada en la región; la OMS la reporta alrededor del 16 %, una de las más altas del mundo después de África subsahariana. Estas diferencias reflejan brechas en vacunación, tamizaje, seguimiento, tratamiento oportuno, educación y acceso a servicios de salud.
Panamá también enfrenta este reto. Según GLOBOCAN 2024, el país registró 9,417 casos nuevos de cáncer y 3,971 muertes por cáncer en general. En cuanto al cáncer cervicouterino, es la segunda causa de muerte en mujeres en Panamá. Estas cifras recuerdan que, aunque Panamá ha avanzado en vacunación contra el VPH y cuenta con programas de prevención, todavía hay oportunidades para mejorar el tamizaje, el diagnóstico temprano y el seguimiento de las personas con resultados anormales.
Cómo podemos llegar a nuestra población
Estudiar el VPH en la población permite responder preguntas esenciales con datos locales y de manera abierta. Es posible orientar mejor los recursos, priorizar comunidades con mayor necesidad, adaptar los mensajes culturales y medir si las políticas de salud pública realmente están reduciendo infecciones, lesiones precancerosas y cáncer.
La prevención debe combinar varias estrategias
La primera manera de prevención es la vacunación contra el VPH, siguiendo las recomendaciones nacionales, en nuestro caso a los 10 años, a través del Programa Ampliado de Inmunización (PAI). La segunda es el tamizaje con el Papanicolaou o con pruebas de alto desempeño, como la prueba de ADN del VPH, que identifica infecciones de alto riesgo antes de que aparezca el cáncer. La tercera es asegurar tratamiento oportuno para lesiones precancerosas y atención integral para quienes ya tienen cáncer. La meta mundial es encaminarnos, para el año 2030, hacia coberturas vacunales del 90 %, tamizaje por Pap o de VPH al 70 % y 90 % de tratamiento de lesiones precancerosas. Ninguna de estas acciones funciona por separado si la persona no recibe información clara, si no puede llegar al servicio o si el sistema no garantiza seguimiento.
Es clave llevar los servicios a donde viven, estudian y trabajan las personas. La comunicación debe ser constante, no solo en campañas ocasionales. Debemos incluir a los niños y hombres en todo el proceso, porque el VPH también puede causar cáncer de pene, ano y orofaringe y, al ser una responsabilidad compartida, ayuda a prevenir la transmisión a mujeres.
Entender el VPH nos ofrece una oportunidad poco común para prevenir el cáncer antes de que aparezca. Para lograrlo, necesitamos ciencia, datos locales, vacunación, tamizaje, tratamiento oportuno y participación comunitaria.
La autora es doctora en salud pública.

