CONFLICTO

La conquista del agua

La conquista moderna del agua inició en el siglo decimonono junto con la expansión capitalista de las naciones europeas, en sus carreras por controlar los recursos, establecer nuevos mercados y explotar las fuerzas productivas disponibles por todo el mundo. Este proceso histórico configuró un nuevo sistema en el mundo constituido por un centro (las naciones poderosas del norte) y un polo periférico (las naciones expoliadas del sur).

En el proceso, los imperios europeos, principalmente Francia e Inglaterra, llevaron a sus colonias su sentido de progreso y nuevos estándares de salud e higiene que trastocarían el uso, percepciones y la relación con el agua. Junto con ello incorporarían nuevas tecnologías que terminarían por edificar grandes megaobras que administrarían y canalizarían los grandes fluidos de aguas continentales. Esas obras de la ingeniería permitieron la producción agrícola e industrial a escalas antes no imaginadas. Más tarde se sumarían los norteamericanos con la conquista del salvaje Oeste y el istmo más angosto de Centroamérica.

Sin embargo, los costos sociales y ambientales fueron muy altos. Se aniquilaron formas ancestrales y comunitarias de administrar el agua, se alteraron las relaciones entre las ciudades y los mundos rurales, como además poblaciones enteras fueron forzadas a desplazarse en busca de agua o escapándoles a las inundaciones. En ese orden, la democracia sobre el agua transitó de muchos para unos pocos. En sentido ambiental se desdibujaron paisajes terrestres y acuáticos, se alteraron ecosistemas y otros, paradójicamente, se contaminaron o quedaron hechos desiertos. Panamá ingresó a este proceso histórico -con truenos y relámpagos- con la construcción del Canal de Panamá. Ambas alteraciones, sociales y ambientales, que generó la construcción de la vía acuática los registra ampliamente la historiografía y la literatura panameña.

El agua que anterior a la modernidad capitalista era considerada por los pueblos del mundo como regalo de la naturaleza o de los dioses, y en sentido más místico como sinónimo de vida y fertilidad, pasó a ser un recurso, una mercancía con valor de uso y de cambio en los mercados controlados, o dicho mejor descontrolados, por la mano invisible de Adam Smith. Dada esta mercantilización, el agua pasó de ser de todos a ser de quienes puedan comprarla y tener acceso a ella.

Por nuestros días y desde la inauguración del Canal de Panamá, para partir desde un punto sin ser exhaustivo, el agua dulce del territorio más angosto del istmo panameño ha estado subordinada a los intereses del complejo económico transitista. Aunque en contraposición, la Ley Orgánica de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) establezca como prioridad el uso de estas para consumo de la población sobre las actividades de peajes. Sin embargo, por ese sentido instrumental y mercantil de los últimos dos siglos de la modernidad capitalista sobre los elementos de la naturaleza y la respuesta tecnocrática con que la ACP aborda el problema de escasez del agua, ha reiniciado los conflictos con las comunidades y campesinos ubicados al norte de Coclé, Panamá Oeste y costa abajo de Colón.

En vista de, las comunidades afectadas, como en otrora, intentan afirmar la vida y demandan un gobierno e instituciones obedientes, que reflejen la voluntad de los afectados, sobre una base científica para las tomas de decisiones. Mientras los tecnócratas prometen embalses, inundaciones y extorsiones, sobre una salida tecnológica al problema y una ciencia instrumental en función de la acumulación de capital de algunos intereses privados. Son dos abordajes distintos en contraposición.

El conflicto está servido en la mesa y rodeado de palabras encantadoras y vacías como: consulta, competitividad, reasentamiento e interés nacional. Según las ciencias sociales, los conflictos no se eliminan ni se resuelven, solo pueden ser transformados. ¿Tendrán las partes y la nación entera respuestas integrales y voluntad política para transformar la conquista moderna del agua por otra que contemple la afirmación de la vida, de los ecosistemas biológicos y las distintas formas de organización societal y los patrimonios culturales que ellas impliquen?

El autor es sociólogo en la  UP

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