Historiografía es interpretar la historia. Es la técnica y el análisis académico para que los hechos y acciones ocurridas en el transcurso del tiempo sean transmitidos de la manera más exacta de generación en generación.
Y por más precisa que fuese la historia ante la existencia de hechos concretos, y cuyos actos vistos y oídos en el momento hacen sucumbir la interpretación frente a la evidencia, el tiempo va dejando vacíos, agujeros o grietas que, al ser llenados o cubiertos, pueden trastocar lo que los juristas denominamos la verdad material. Por eso cuando leemos un libro que interpreta o analiza la historia, es importante examinar su profundidad en la investigación.
Y si hay algo que caracteriza a Conspiración y República en Panamá - La conjura de 3 y 5 de noviembre de 1903, es el carácter analítico, reflexivo y razonado de una exploración extensa, probablemente en el medio del polvo y la polilla, entre repisas y anaqueles de distintos archivos nacionales y extranjeros que visitó el autor. Un estudio que no se limita al examen bibliográfico y crítico acerca de los textos escritos y sus fuentes.
Porque ese es Mario José Molina Castillo, el estudioso, el investigador, el erudito que no se satisface con la palabra empeñada, el comentario aludido, el libro promovido o el apunte recibido. Él fue más allá. Buscó la fuente primaria, la documental que se expidió en el momento cuando nada ni nadie intervino, o tal vez no con la intensidad de quien pretende en el camino, perturbar la verdad.
El autor expone su extenso análisis bibliográfico y doctrinal sobre la configuración del 3 de noviembre y sus efectos. Rastrea y desmenuza con minuciosidad, la certidumbre de como una República fue producto de una trama, maquinación o intriga, huérfanas del heroísmo consumado en el campo de batalla.
Y es que el libro de Molina Castillo revela el cuándo, el cómo y el por qué de la conjura separatista. Su “cuándo” inicia desde la firma del tratado Mallarino-Bidlack en 1846, hacia el desenlace del decimonono y albores del siglo XX con el crecimiento, desarrollo y actuación de los precursores istmeños del pensamiento independentista.
El “cómo” lo focaliza entre el 3 y 5 de noviembre de 1903. Esa treta oportuna o conspiración atinada, criticada por algunos, injustamente, por una aparente falta del heroísmo trágico y dramatismo sangriento, que alimentan las narraciones épicas que hoy, entre el mito y la tecnología, se maximizan en pantallas grandes, chicas o planas.
Mientras el “por qué”, que abarca el cuándo y el cómo, lo lleva más allá de la gesta colonense del 5 de noviembre, al involucrarse el autor en la estructuración del Estado nacional y sus transiciones y repercusiones históricas, económicas y políticas, desde la presidencia de Manuel Amador Guerrero y su enjambre político hasta Belisario Porras y su perspectiva presidencial entre 1912 y 1916.
El libro muestra cómo la gesta de 1903 es otro eslabón en el crecimiento de la nacionalidad a través de un ejercicio nacionalista, a su vez, fortalecido por su aproximación a la identidad nacional; momento en que se conjugan la condición de ser panameño, la defensa de esa condición y el sentimiento de serlo.
Lo que en el contexto se definiría como “panameñidad”, porque a pesar de todos los bemoles soberanos y limitaciones jurisdiccionales, alrededor de esa conjura entre el 3 y 5 de noviembre, el despertar republicano que adornaba a la madrastra colombiana que nos acogió en su seno desde 1821, con sus virtudes y defectos, afloró constitucionalmente en los istmeños con la creación de la República.
El hecho quedó consumado en la Constitución de 1904, porque solidifica las bases de un Estado nacional de carácter perenne; ese ente abstracto que se fortalece con el crecimiento institucional, social y político, y al cual pertenecemos hoy, con sus fulgores y sombras.
Sin disminuir aquella Constitución efímera surgida, como consecuencia de aquel 18 de noviembre 1840, con la creación del “Estado del Istmo”, iniciativa de Tomás Herrera que muy pocos conocen o recuerdan, desde el conmocionado y conturbado siglo XIX colombiano, del cual Panamá heredó todos sus estragos y calamidades bélicas y militares.
El libro se enfoca alrededor del proyecto de transformación de la nación hacia el Estado. Las claudicaciones forzadas, el imperialismo rampante o cualquier otro tipo de circunstancia lacerante, atinadamente descritas por el autor, son parte de ese proceso de aprendizaje que, en estos tiempos, las nuevas generaciones deben valorar frente a lo que conseguimos en 1903, lo que somos en 2023 y cómo hemos endurecido las bases del Estado panameño, hoy debilitadas por el desconocimiento, frente a una educación disminuida ante la desidia, la ordinariez y la necesidad aparente del poder, en mantener al pueblo ignorante, sumiso y manejable.
Valoro los continuos, permanentes y atinados aportes históricos de Mario José Molina Castillo, porque demuestran cómo fue esculpiéndose el molde de la nación istmeña durante un período evolutivo largo y complejo. Y así sembrar un terreno fértil que permita elevar la cultura y la academia, para comprender la rica diversidad étnica, sociológica y colectiva de la nación panameña.
El libro Conspiración y República en Panama-La Conjura de 3 y 5 de noviembre de 1903, coloca a Molina Castillo en el acervo de pensadores panameños que, con sus obras, elevan la resonancia deseable y cada vez más audible del verdadero sentido histórico, filosófico, objetivo y patriótico del embrollado, intrincado, conspirativo, pero asimismo habilidoso, glorioso y necesario, 3 de noviembre de 1903.
El autor es abogado
