Imagina que un día tienes que dejarlo todo atrás: el hogar que tanto te ha costado construir, tus padres, tus amigos de toda la vida y tus lugares favoritos. A veces, a tu cónyuge o incluso a tus hijos.
Imagina que tienes que elegir entre quedarte y arriesgar tu vida o irte a un lugar seguro que no conoces y donde nadie te conoce. Un lugar donde quizá hablan otro idioma o tienen otra religión. Un lugar que no es tu hogar.
Imagina tener que empezar de nuevo: conseguir documentación (¿por qué siempre falta algo?), matricular a los niños en la escuela (¿cómo se sentirán sin sus amigos?), acceder a atención médica (¿por qué aquí los medicamentos tienen nombres diferentes?), encontrar un trabajo (si no puedo trabajar legalmente, ¿cómo sobreviviremos?).
Imagina tener que reconstruir toda tu vida lejos de casa.
Según el último informe de Tendencias Globales publicado la semana pasada por el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, 110 millones de personas en todo el mundo se han visto obligadas a huir de guerras, violencia y persecución. Casi 110 millones de desplazados que están luchando por reconstruir un futuro en un nuevo país que les ha abierto las puertas pero que a menudo no ve su potencial.
Desde 2001, año del 50 aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, el ACNUR celebra el 20 de junio el Día Mundial de los Refugiados para rendir homenaje a la fuerza y el valor de los refugiados de todo el mundo.
El tema para 2023 es Esperanza lejos de casa: Un mundo en el que los refugiados siempre estén incluidos, buscando subrayar la importancia de dar a los refugiados y solicitantes de asilo la oportunidad de reconstruir sus vidas lejos de casa, mientras contribuyen al bienestar de sus comunidades de acogida.
Cuando un país abre sus puertas a un refugiado, le salva la vida. Este es el caso de Panamá, donde 13,000 refugiados y solicitantes de asilo han encontrado seguridad y protección. Proceden de países como Colombia, Venezuela, Nicaragua, Cuba y El Salvador, y les mueve el deseo de reconstruir sus vidas, forjar amistades con su comunidad y contribuir a la economía local. Su viaje hacia la seguridad no ha sido fácil, pero están ansiosos por devolver algo a la comunidad que les ha acogido.
Pero, necesitan documentación y acceso a oportunidades de empleo. Nuestro apoyo, como individuos y como organizaciones, es crucial.
Desde el 2004, en Panamá el ACNUR trabaja con las instituciones gubernamentales relevantes para fortalecer el sistema de protección a refugiados y solicitantes de la condición de refugio, en un marco de respeto al debido proceso y en línea con el derecho internacional. Junto con actores de la sociedad civil, el sistema de Naciones Unidas, el sector privado, la academia, las comunidades de acogida y las personas refugiadas, el ACNUR promueve acciones prioritarias para que las personas refugiadas y solicitantes de la condición de refugiado puedan integrarse en su comunidad de acogida.
Este año Panamá ocupa la presidencia Pro-tempore del Marco Integral Regional para la Protección y Soluciones (MIRPS), un mecanismo regional que fomenta la cooperación entre los países de origen, tránsito y destino para una mayor responsabilidad compartida en materia de prevención, protección y soluciones duraderas. Panamá a través de sus instituciones, ha implementado buenas prácticas en beneficio de la población refugiada, solicitante de la condición de refugiado y personas en tránsito, como: permisos de trabajo para las personas admitidas a trámite, los servicios sociales, legales y psicológicos a mujeres en los Centros de Atención Integral del Ministerio de la Mujer y la aprobación de una Norma Técnica para la Atención en Salud Mental a Población Migrante y Refugiada en Panamá, entre otros.
En un mundo donde los conflictos parecen multiplicarse y el espacio para la paz se estrecha -donde se construyen más muros en lugar de puentes- cada día vemos la lucha de los refugiados por acceder a sus derechos básicos. Sin embargo, también somos testigos de cómo personas de todo el mundo reciben y acogen a refugiados y desplazados, ofreciéndoles un entorno seguro y dándoles la bienvenida en sus escuelas, lugares de trabajo, espacios culturales y comunidades.
Esto es esperanza lejos de casa y se construye, juntos, cada día.
A pesar de todo.
La autora es representante de la Oficina Multipaís del ACNUR en Panamá
