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Contradicciones y moralejas de Panamá

Al borde del abismo, nos encontramos ante la más grande batalla de nuestra centenaria historia patria. De su resultado depende incluso nuestra propia existencia como nación.

Contradicciones y moralejas de Panamá
Panamá imágenes del canal de Panamá esclusas del canal de Panamá, esclusas de Miraflores, Pedro Miguel y esclusas de coco.corprensa Gabriel Rodríguez.

El hombre en lo alto del castillo (The Man in the high castle) vive en la utopía (mundo ideal) de quien no entiende la realidad distópica (mundo apocalíptico) en la que vive, consecuencia en parte por acción u omisión de sus propios actos. Ese mundo ideal fantasioso fielmente representado por la clase política es ciego, sordo y mudo del sufrimiento ciudadano al que majaderamente pregonan proteger. Del discurso del señor presidente inaugurando el “supuesto diálogo”, un breve paréntesis en lo referente a la cantidad de información que el mandatario acepta recibir y a la supuesta intervención con doble agenda de ciertas personas. A Dios ruego que nada tenga que ver con el sistema de espionaje telefónico denominado “Pegasus” y que todo se haya hecho acorde con los parámetros constitucionales al respecto dispuesto en el artículo 29.

Por formación soy dado a pensar lo peor y desde allí cualquier cosa menor que ocurra es ganancia. Así, hubiese preferido una declaración presidencial de “Sangre, Esfuerzo, Lágrimas y Sudor” por lo que se viene y el necesario sacrificio que todos tenemos que hacer para encausar el país y superar la crisis, en donde desafortunadamente pareciera que la consigna gubernamental es el hoy y no el día después del mañana que nos espera, si es que llega.

Hoy somos más ricos de lo que fuimos hasta 1999, previa recuperación del Canal de Panamá, y es aquí donde quiero hacer hincapié. Hemos y continuamos dilapidando nuestra riqueza. (...) y la percepción únicamente superada por la realidad, es que hoy más que ayer, estamos lejos de la paila en todo.


Cuando el destino nos alcance y obligadamente tengamos que hacerles frente a los inmensos problemas que día a día seguimos alimentando (Caja del Seguro Social, corrupción, educación, pobreza; desigualdad, desempleo, deuda pública y privada, y un largo etcétera) más de uno esbozará con añoranza la siguiente frase: “Nadie sabe lo que pierde hasta que ya no lo tiene”, rememorando “El Panamá” que de las manos se nos va, y que ya para ese entonces sin responsables a la vista, se encuentren diluidos y enterrados por el paso del tiempo que no perdona.

Al borde del abismo, nos encontramos ante la más grande batalla de nuestra centenaria historia patria. De su resultado depende incluso nuestra propia existencia como nación. Hoy somos más ricos de lo que fuimos hasta 1999, previa recuperación del Canal de Panamá, y es aquí donde quiero hacer hincapié. Hemos y continuamos dilapidando nuestra riqueza. Recién en 1999 el Presupuesto General del Estado alcanzó aproximadamente 5,000 millones de dólares. En el 2022 ese presupuesto es cinco veces superior, o sea 25,000 millones y la percepción únicamente superada por la realidad, es que hoy más que ayer, estamos lejos de la paila en todo. Pareciera que hemos sido víctimas de la denominada maldición de la riqueza en recursos naturales.

Cuando un país es rico en recursos naturales, puede caer bajo tres maldiciones: pobreza, enorme desigualdad de ingresos (algo asociado a la pobreza) y no ser democrático, o parecerlo y no serlo, vale decir estar bajo el yugo de una partidocracia que se cree realeza. Lo mismo sucede con el crecimiento económico. Como explica el economista Jeffrey Sachs: a mayor riqueza natural, menor crecimiento económico (y hasta cultural diría yo). Es lo que se llama “la paradoja de la riqueza”. Suiza o Japón deberían ser míseras economías, y sin embargo están entre los países más ricos del mundo. Por el contrario, Saudí Arabia, Rusia, Venezuela e Irán, son economías condenadas al fracaso y subdesarrollo esencialmente por la poca o nula libertad que promulgan sus regímenes.

La respuesta a esta contradicción está sin lugar a dudas en el despilfarro y la corrupción. La crisis actual panameña no se circunscribe al alto precio del petróleo y alimentos. Es un tema con profundas raíces en el enfado de la sociedad cuyas ramificaciones y consecuencias resultan en este momento impredecibles.

El reloj de la historia marca las 11:59:30, medio minuto para la media noche, y algunos más para el inicio del nuevo día. La palabra clave: Renacimiento. Y para eso necesitamos liderazgo.

El autor es amigo de la Fundación Libertad.


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