EDUCACIóN VIAL

Quien controle el tránsito controlará el mundo

Quien controle el tránsito controlará el mundo
Quien controle el tránsito controlará el mundo

Cual pretensioso pero preocupadísimo ciudadano de a pie, lanzo un reto urgente, concreto y engañosamente simple a presidente y alcaldes electos: que en plazo de medio año lideren y ejecuten acciones que controlen la caótica situación del tránsito vehicular y peatonal en el país, al punto que sea digno y seguro salir a la calle y que se disminuyan accidentes, traumas y muertes a la mitad. En medio año.

Estamos a tiempo: quienes violan las leyes de tránsito, sea por “juegavivismo”, apuro, ignorancia o desesperación, siguen siendo los menos. Apenas. Por ahora.

Estamos tarde: nuestras aceras han pasado a ser o estacionamientos o extensiones de sitios de construcción, forzándonos a peatones a transitar las calles; nuestros metrobuses no reciben ni la prioridad ni el respeto necesarios, con taxis y 4x4 cruzándoseles, sin pensar que cada frenazo del bus en horas pico son 60 personas sacudidas e incluso lastimadas; las licencias para todo tipo de vehículos son tan vergonzosamente fáciles de obtener que bien podrían regalarse dentro de cajas de cereales; y nuestros “tranques”, que podrían medirse en los irremplazables años de las vidas humanas que aprisionan y en los incontables litros de combustibles fósiles que incineran, incrementan drásticamente nuestra contribución al cambio climático y el calentamiento global.

Como simple observador empírico, sin el respaldo de los estudios en diversas disciplinas que deben guiar este esfuerzo hacia un tránsito seguro y digno, intuyo que el caos y la inseguridad vehículo-peatonal que enfrentamos son parte, como tantos otros problemas humanos, de un movimiento global hacia el egoísmo, luego de contados años de cierto nivel de orden, de aceras medianamente transitables, de algo más de conciencia de grupo, sociedad y nación. Esto último nos llevaba a prestar más atención a las buenas y malas consecuencias de nuestras acciones individuales. Pero desde hace varias décadas estos modestos logros se han erosionado cada vez más; ahora, la cultura del selfi y la actitud 4x4 han hundido el acelerador del egoísmo asocial hasta el fondo.

¿Por qué este reto sobre el tránsito a quienes ocuparán presidencia y alcaldías? Porque la calle, el más público de los espacios públicos, es el escenario en el que se interpreta la trágica comedia bufa de nuestra pobre, injusta y desigual convivencia ciudadana; el tablado sobre el cual actúan y se interrelacionan numerosos personajes de todos los orígenes, junto con la grotesca utilería —me tienta decir vestuario— de sus vehículos. O la carencia de los mismos: la desnudez pública del peatón, su pecado original.

Pero sobre todo porque este escenario–calle nos ofrece una primera y visible —léase pública, abierta, observable, cuantificable— experiencia para conjuntamente buscar el control, el autocontrol y la resolución de retos más serios que no podremos resolver de manera individual y egocéntrica, sino solamente por medio del trabajo coordinado, colaborativo, solidario y grupal, con grandes y drásticos cambios de paradigmas en nuestros comportamientos. Retos como encarar y actuar ante el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la inequidad, la mala educación, nuestra paupérrima convivencia con la naturaleza, nuestra hiperpaupérrima distribución de la riqueza, entre muchos más; retos que requieren enormes cambios de paradigmas y de comportamientos individuales y sociales, y que podrán ser mejor afrontados con las buenas prácticas que desarrollemos luego de un primer —pero no único— semestre transformando algo tan sencillo, básico y diario como nuestra manera de transitar e interrelacionarnos sobre ruedas o a pie.

De las buenas prácticas que sepamos extraer de esta primera experiencia visible y conjunta para controlar el tránsito podremos enfrentar como se debe, como equipo, como futura y urgentemente necesaria “marea verde”, estos retos interrelacionados y transdisciplinarios, entre los que se destacan los ambientales. De nuestra capacidad de afrontar estos últimos como grupo depende, simplemente, nuestra supervivencia como especie, para lo cual contamos con poco más de una década en conteo regresivo imparable, de acuerdo con las Naciones Unidas.

Es claro que este es un trabajo conjunto, un reto a la nación entera, pero como los demás retos arriba mencionados, requiere una clara decisión política, decisión que se facilitará enormemente al ser priorizada y coordinada por las personas electas a Presidencia y alcaldías, sin distinción partidista. Estas personas deberán involucrar, con educación, incentivos y castigos concretos, a sectores públicos, privados y ciudadanos (organizados o no). Es un trabajo costoso, complejo y complicado a corto plazo, pero a largo plazo nos permitirá crecer y madurar, como ciudades y como nación. Comencemos.

El autor es cineasta

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