Con los valores materialistas como máxima prioridad y los valores morales y éticos en el nivel más bajo de la escala, donde no solo está en juego la credibilidad de los políticos y burócratas sino también del poder judicial, es difícil soñar con una sociedad libre de corrupción. Y mucho más cuando la corrupción es una práctica tan común y se ha convertido en una forma de vida.
La corrupción siempre existió en la sociedad humana en una u otra forma. La corrupción se ha infiltrado en todos los tejidos de la sociedad de tal manera que fueron múltiples los casos sonados en el país referentes a corrupción entre 2014-2017 y que nos han tenido en la mira y la palestra pública tanto nacional como internacionalmente. La corrupción se considera una forma de bajo riesgo y altamente rentable de hacer dinero rápido, y el que es atrapado a menudo sabe cómo liberarse.
Una cara peculiar de la corrupción en nuestro país es que va río arriba, no río abajo. La mayoría de las políticas y decisiones fundamentales sobre grandes compras, contratos, proyectos, etc. están distorsionadas en el nivel superior. El retraso en la eliminación de los casos de corrupción es una de las causas más importantes de su florecimiento. Los funcionarios corruptos, incluso si son atrapados, pueden llegar a quedar libres en el transcurso del tiempo mediante manipulaciones o de otro modo.
La pregunta básica es si la corrupción puede ser erradicada. “Nada es imposible”, puede ser dicho por un líder social entusiasta, pero la eliminación de la corrupción es algo casi imposible dada la visión actual del país y la sociedad en que vivimos. Para erradicar la corrupción desde su raíz, se requiere supervisión de la justicia pública y justa, pero consume demasiados recursos (tiempo, dinero y energía). Sin embargo, la forma más efectiva es hacer que los funcionarios no piensen en la corrupción y las personas no intenten corromper. Esto requiere educación, la familia, la sociedad y la escuela tienen que enseñar a los niños a vivir con honestidad e integridad. Es un proceso a largo plazo, lleva generaciones alcanzar el nivel ideal
El autor es financista y cursa maestría de Administración de Negocios en la UIP