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Corrupción y estancamiento

Corrupción y estancamiento
En entornos que normalizan la corrupción, la presión del medio activa las áreas del cerebro social, aumentando la motivación a emular la conducta grupal aunque se oponga a los principios éticos individuales. / Getty Images

El estancamiento social y económico de un país caminan de la mano de la corrupción. Mientras el juega vivo se tolera como parte de la idiosincrasia en abierta normalización cultural, se promueve la impunidad, fomentando la repetición de esas conductas delincuenciales.

• “Si las autoridades delinquen, yo como ciudadano también puedo hacerlo”.

La prevalencia de la corrupción es el resultado de un círculo vicioso en donde la falta de sanciones firmes, aunada a factores estructurales como una débil institucionalidad, hace ver a los ciudadanos que el crimen sí paga. De hecho, es un negociazo.

Hemos sido testigos, más que mudos boquiabiertos, del desfile de atracos multimillonarios perpetrados por funcionarios públicos y sus familiares, pues se vuelve el negocio familiar desfalcar al Estado. ¿Por qué? Porque es muy rentable y no tiene casi consecuencias.

Para gente que no trae el chip de los valores morales de fábrica, ser caraduras y desvergonzados les viene de manera natural. Así que los “asoleen” un ratito en medios de comunicación no les afecta en lo más mínimo, comparado con el enorme beneficio económico que obtienen del saqueo estatal.

El bajísimo porcentaje de éxito de la Justicia, especialmente en los casos de alto perfil —o sea, los peores criminales que hemos tenido, llamándolo como debe ser— es la mayor motivación para que otros muchos ciudadanos busquen la manera de acercarse a ese oscuro emprendimiento.

Se pierden 30 millones del dinero estatal. Agarran al delincuente con las manos en la masa. Se logra un acuerdo por el cual se devuelven 6 millones y se acabó. Hurtas 30 millones, devuelves 6 y te quedan 24, libres de polvo y paja. Como dije, negociazo. Y así nos va.

La captura del Estado se refleja en la falta de capacidad que acusan demasiados funcionarios. Una burocracia gorda e ineficiente nos cuesta millones en gastos mensuales, sin tener que demostrar un solo resultado de su gestión para certificar que vale lo que nos cuesta. La falta de responsabilidad en los puestos públicos simplemente evidencia que vivimos en una sociedad con roles invertidos. En la empresa privada, si te equivocas con un presupuesto, quiebra la empresa. En el hemiciclo, si te equivocas con el presupuesto, simplemente pides más plata, que no es otra cosa que más deuda estatal, más impuestos y más tributos al pueblo. Y nadie tuvo la culpa, y que pague el ciudadano.

Dicho de otra manera, los ciudadanos tenemos que dar cada vez más de lo que nos ganamos con esfuerzo para que los funcionarios, que no tienen que preocuparse por generar ingresos, no bajen su estilo de vida, porque están ya acostumbrados a eso. Pobrecitos.

Mientras muchos profesionales tienen que diversificar sus esfuerzos para mantener familias de manera honesta, en el hemiciclo están demasiado ocupados generando discusiones estériles sobre cómo callar más la opinión pública. Dejan en completa indefensión a un país que necesita gente inteligente gestionando nuevas y creativas maneras de generar ingresos, porque sus esfuerzos siempre van a mantener el statu quo de su curul.

Hemos venido teniendo décadas de pésimos funcionarios cuya labor era velar por el bienestar y la salud de la población, pero que se han limitado a sentarse en oficinas sin hacer absolutamente nada, pero cobrando. Y ahora se busca que los delincuentes sean los que concedan autorización a los que buscan la verdad para ser mencionados públicamente. ¿Habráse visto?

Gente que contaminó ríos de manera premeditada para ahorrarse un dinero, haciendo mala disposición de desechos agropecuarios o humanos, debería estar encerrada, pero lejos de eso, ahora piden respeto y silencio.

Que generaron empleos, dicen. Lo que no dicen es que, por no tener ética, enfermaron y mataron gente. ¿Quién paga por esos delitos?

La corrupción nos estanca. La impunidad nos condena.

Al gobierno debería competerle resolver de inmediato una falta de décadas.

Pero las mieles del poder embriagan.

La goma también puede ser terrible, en la próxima vuelta.

El autor es ingeniero civil y escritor.


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