No podemos negar que a lo largo del tiempo desde que nos separamos de la hermana República de Colombia, se han hecho esfuerzos para sanear nuestro sistema electoral, y no debo omitir que durante la administración del presidente Ernesto de la Guardia Jr. (1956-1960), se dio el mayor esfuerzo en esa dirección, cuando se aprobó el Código Electoral para acabar con las viejas corruptelas que se producían en la formación de los partidos políticos, en el proceso electoral y en la propia elección de las autoridades nacionales y locales.
Debo decir que acumulo una larga experiencia como funcionario que fui por muchos años del Tribunal Electoral. Para no entrar en profundidades podemos decir que el mal que tienen nuestras instituciones electorales es de nacimiento hasta la actualidad, pues desde el momento en que los partidos políticos quedan legalmente constituidos, incurren en numerosas irregularidades. Por ejemplo: en el proceso de inscripción de adherente en los que se colectan firmas de adhesión, hay muchas falsedades, ya que las mismas muchas veces son apócrifas. Pude enterarme por percepción propia cuando el fiscal electoral Aurelio Correa, con quien tuve el honor de desempeñarme a su lado como secretario del despacho, me delegó varias veces cuando él no podía asistir a las diligencias en los respectivos cotejos de firma.
Otro ejemplo de tantas truculencias fue cuando elementos disidentes del Partido Panameñista fundado por el doctor Arnulfo Arias Madrid, en la búsqueda de despojarlo, utilizaron incluso descaradamente nombres en la lista de las guías telefónicas, lo cual resultaba además de sumamente burdo, carente de inteligencia de los delincuentes. Naturalmente, al final de tantas tropelías, en que incluso el líder panameñista los reprochó enérgicamente como era su carácter, y no pudieron hacerse dueños de su partido en forma espuria, el fallo de los magistrados del Tribunal Electoral fue el de mantener la legitimidad invariable que tenía el doctor Arias en su partido.
Podría mencionar muchos actos irregulares en materia electoral que fueran de mi experiencia, pero este espacio no se presta y sería más bien una tarea que podría realizar en un ensayo si la vida me lo permite. Debo mencionar, con toda honestidad, que esa mala imagen que dio nuestra República finalizó en el momento en que nació el nuevo Código Electoral, con sus distintas reformas, que han adecentado los procesos electorales, aun cuando no son perfectos.
Reconozco que los resultados de las elecciones recientes en que triunfa Nito Cortizo, aunque muy estrechamente, su triunfo es legítimo, como lo han reconocido sus oponentes. A pesar de esto, hay que hacerle reformas al Código Electoral para mantener viva nuestra democracia.
El autor es abogado y periodista