Agosto, septiembre, octubre y noviembre: 4 meses que revelarán algunos de los candidatos a las próximas elecciones de nuestro país. Increíbles las declaraciones de muchos de los aspirantes; lo mismo de siempre, como si nada se hubiese dicho antes. La película ya ha sido vista y no es nueva. Lo peor, promesas incumplidas y continúa con más fuerza la vorágine de la corrupción e impunidad, inseguridad, y lo peor, los mismos políticos apareciendo en los canales de radio y TV. Muchos no tienen ni moral para aparecer como impolutos, honorables e íntegros.
¿Es esto un juego como el Tin marín de dos pingüé? No hay credibilidad. No es un juego como para no importarnos quién gobierne. No vislumbro líderes reales, y es el comentario generalizado. No es nada más esto; veamos sus gesticulaciones, sus ojos, sus manos, sus actitudes, su voz, su postura, sus palabras, sus obras y hechos. ¿Que incita a su elección? ¿Es el marketing político? ¿Qué marca la diferencia?
Tantas promesas van creando un humo de opio que cubre a la población, disfrazando las reales intenciones porque lo que produce es ruina y destrucción al país. Son cuentos populistas que solo miden los intereses de sus actores y lo que es atractivo para la población, desdibujando sus necesidades, apelando a sus sentimientos, como el malestar social, la pobreza y desigualdad, pero tienen en su fondo un componente manipulador y demagógico que corroe las bases de la democracia: sus instituciones y la educación del electorado, como es la calidad en educación cívica y cultura política. Hay que tener sumo cuidado porque así nacen los supuestos líderes carismáticos y caudillos populistas.
La población hoy en día está más informada, más educada, por lo que hay que discernir cuáles son aquellos candidatos que realmente están en condiciones de gobernar y demostrar con resultados y entre aquellos que usan y abusan de este sentimiento.
Los gobiernos populistas terminan de gobernar por decretos presidenciales, sin tomar en cuenta las instituciones de la democracia representativa. Por eso hay que estar alertas, informarse y fortalecer las instituciones, ya que no hay otra vía. Hoy el país vive momentos muy críticos en todas las instituciones e incluso sus partidos políticos y esto es peligroso para una nación. Seamos responsables de a quién elegimos y estemos alertas a los cuentos populistas y sus disfraces teatrales.
La autora es economista