Para encarar el tema de la diversidad, es bueno recordar que la diferencia es natural, pero la desigualdad es una creación social. Por naturaleza, las personas somos diferentes, pero al mismo tiempo, la estima y salud mental depende en gran parte de la convivencia familiar y nuestro entorno social. La familia, en particular, es nuestra matriz de identidad, el primer sistema en el que interactuamos y el lugar en el que aprendemos a ser quienes somos, en la medida en que nos vemos a través de los ojos de nuestros padres, madres o criadores.
Los patrones de crianza y el uso del lenguaje son filtros a través de los cuales comenzamos a evaluar la realidad, visibilizamos, descalificamos o confirmamos. Lo que no se menciona no existe; un aspecto fundamental en la crianza inclusiva, donde se está abierto a que nuestras hijas, hijos o hijes sean sexualmente diversos, a reconocer y respetar su forma de vivir la identidad, orientación y sexualidad.
La crianza inclusiva parte del hecho de que está bien ser diferente, por lo que la familia es determinante en el proceso de aceptación. En mi experiencia como psicóloga, lo que necesitan es amor incondicional, comunicación y límites claros, a partir del hecho de que la sexualidad es solo uno de los muchos componentes que nos definen.
Las personas sexualmente diversas experimentan sensaciones estresantes exclusivas de la comunidad LGTBQI+, que afectan la salud mental y la adaptación. La desinformación y los prejuicios sobre la orientación sexual y la identidad de género son perjudiciales para las familias diversas o para quienes tienen hijas, hijos o hijes sexualmente diversos. Los estereotipos encasillan, coartan la expresión de sus individualidades y obligan a ajustarse a los contextos, teniendo que negarse a sí mismos. Se entiende: ser yo está mal.
La orientación sexual, identidad y expresión de género son aspectos de la vida que forman parte de la diversidad individual. Los procesos de crianza conscientes son herramientas para que la vida de las personas sexualmente diversas, fluya con naturalidad, sin traumas.
Llegará el día en que ser persona será suficiente. Hasta entonces, debemos seguir educando desde la ciencia.
La autora es psicóloga y terapeuta de familia para Ciencia en Panamá.
