El agua es uno de los recursos más importantes para la vida. Sin ella, simplemente no podríamos existir. A pesar de esto, muchas veces olvidamos su verdadero valor y la malgastamos sin pensar en las consecuencias. Por algo muchas personas la llaman “oro líquido”, porque es esencial para la supervivencia del planeta y de los seres vivos.
En muchas ocasiones es fácil pensar que el agua siempre estará disponible, pero la realidad es diferente. Hoy el mundo enfrenta una crisis hídrica cada vez más evidente. Según datos de la UNESCO y del USGS, cerca del 97% del agua del planeta es salada, y solo una pequeña parte del agua dulce está disponible para el consumo humano.
El agua no debería verse como un lujo ni como algo opcional, sino como un derecho básico. También representa un elemento clave para el desarrollo económico, ya que muchas actividades, como la agricultura, la producción de alimentos, la energía y el funcionamiento de las ciudades, dependen directamente de este recurso.
Algo similar ocurre con los espacios recreativos. Estos lugares permiten que las personas descansen y se conecten con la naturaleza. Un parque, una plaza o un área verde no solo sirven para caminar o jugar; también ayudan a mejorar la salud física y emocional.
Para lograr estos objetivos es necesario organizar acciones mediante diferentes niveles de gestión. En primer lugar se encuentran los planes, que establecen objetivos generales para el desarrollo de una comunidad o de un territorio.
A partir de estos planes surgen los programas, que corresponden al nivel intermedio de gestión. Los programas agrupan acciones coordinadas que buscan solucionar problemas específicos dentro de la sociedad, como la conservación de los ríos, el uso responsable del agua o la recuperación de parques.
En el nivel micro de gestión aparecen los proyectos, que representan acciones más concretas. Un proyecto puede ser la construcción de un parque comunitario, la limpieza de un río o la creación de áreas verdes.
Sin embargo, actualmente enfrentamos dos problemas importantes: la crisis hídrica y la falta de espacios recreativos. Según la UNESCO, más de 2,200 millones de personas en el mundo no tienen acceso seguro a agua potable, y alrededor de 4,000 millones enfrentan escasez de agua al menos un mes al año. Además, aunque el planeta está cubierto de agua, cerca del 97% es salada y solo una pequeña parte del agua dulce está disponible para el consumo.
A esta situación se suma la falta de alfabetización ambiental, es decir, la escasa educación y conciencia que existe en muchas comunidades sobre el cuidado del agua y del entorno natural. Cuando las personas no comprenden el valor de estos recursos, es más fácil que se produzcan prácticas como la contaminación de ríos y el desperdicio del agua.
Por esta razón, proteger el agua y promover la creación de espacios recreativos debe convertirse en una prioridad para las comunidades. A través de planes, programas y proyectos bien organizados, junto con educación y alfabetización ambiental, es posible construir ciudades más sostenibles.
La autora es estudiante de la maestría en Paisajismo y Gestión Ambiental de la Universidad de Panamá.


