La reacción más usual de la ciudadanía ante una crisis nacional es de frustración, impotencia y pesimismo.
Pero, preguntémonos cuántas crisis hemos vivido en nuestro Panamá.
Experimentamos una gran crisis en el siglo XX, cuando el gobierno en Bogotá se negó a aprobar el Tratado del Canal con EU, nuestra única esperanza en esos días, ante lo cual ¿qué hicieron los panameños de la época?... declararon la independencia y nació nuestra república.
Vivimos otra gran crisis el 9 de enero de 1964 cuando los zonians atropellaron a un grupo de valientes institutores que fueron a izar nuestra enseña tricolor en Balboa, en cumplimiento de una orden inclumplida del presidente de EU, y nuestro Presidente de la Dignidad, Roberto Chiari, rompió relaciones con el gigante del norte. ¿Qué oportunidad salió de esa horrible crisis? Salió un nuevo Tratado y nuestro Canal panameño y soberanía total.
Fue otra gran crisis cuando la locura de Noriega produjo una devastadora invasión en que murieron muchos hermanos de la nacionalidad. ¿Qué salió de esa crisis? Un retorno a la democracia y un país -por Constitución- desmilitarizado y neutral.
El loco, autócrata y ladrón Ricardo Martinelli creó una gran crisis destructiva de macrocorrupción e impunidad que hoy es un cáncer que hace metástasis en nuestras instituciones de justicia y en nuestra sociedad.
Sin embargo, no olvidemos que, como hemos visto a través de nuestra historia, ¡sin crisis no hay oportunidad!
En esta crisis, la Corte Suprema de Justicia ha retado a la ciudadanía en los últimos días y ha producido sentencias que han cerrado casos de macrocorrupción conocidos y hasta comprobados en Panamá y en el ámbito internacional.
Es como si la magistrada ponente Ángela Russo, con su triquiñuela y acompañada por otros siete magistrados, nos djjera “Allí les va... aguántensela... ¿y qué, qué?”.
Nosotros los ciudadanos, haciendo honor a nuestra historia, tenemos que convertir nuestra indignación en acción, en oportunidad, y gritarles con voz en cuello: ¡Fuera!... se van todos, porque el poder que ustedes ejercen nos pertenece a los ciudadanos, ¡y no vamos a permitir este vulgar abuso!
¡Vamos a convertir esta crisis –por ustedes magistrados, formada– en una gran oportunidad para hacer de la integridad una revolución que limpie la podredumbre de nuestro sistema de justicia, para por esta vía lograr la integridad en nuestras instituciones públicas y que los corruptos terminen en una merecida jaula como la que vergonzosamente ocupa el mayor responsable –el capturado- en Miami.
Nosotros los panameños no permitiremos que los corruptos de leva nos lleven hacia el suicidio como nación.
Con nuestra raíz profunda sembrada en nuestra historia, convertiremos nuevamente una gran crisis en oportunidad. La lucha será dura y larga, pero se inicia con este primer paso. Ustedes, magistrados…¡fuera! La Corte no puede seguir siendo la Corte de la Suprema Injusticia e Impunidad.
Les repetimos una y mil veces: ¡Fuera!
El autor es fundador del diario ‘La Prensa’