Trepadores, oportunistas aprovechadores, ambiciosos, materialistas y muchas otras etcéteras , son los mejores adornos que lucen en sus pechos estos arribistas profesionales y que envenenan el ambiente político.
Tienen especial talento para sobrevivir a diluvios, tempestades y a todos los gobiernos, y se aferran a los dioses del Olimpo reclamando trofeos por “la difícil misión de ser etiquetados como arribistas”.
Roux, Blandón, Cortizo, Ana Matilde y otros candidatos presidenciales tienen cantidad industrial de arribistas con alta capacidad de halagar a sus jefes con mensajes musicales colmados de sonoras palabras que le pronostican el triunfo electoral .
Estos personajes son obsequiosos, diligentes y oportunos, que como garrapatas se incrustan en la epidermis de sus jefes y siempre están muy atentos a cumplir los deseos del mandamás
El servilismo que exhiben es demencial. Llevan serenatas en el cumpleaños al jefecito , soplan el polvo del cuello de la camisa y si es necesario frotan con su pañuelo los zapatos del líder.
Indiferencia glacial demuestran frente a las críticas, porque han sabido lograr por esfuerzos propios lo que el resto de los mortales no logrará en miles de años.
El todo por el todo es la regla de oro de los arribistas, que tiene como principios básicos servir al amo de turno con eficiencia y demostrar orgullo de ser como es sin temor a las críticas.
Estos famélicos esbirros son inmunes a las permanentes críticas de la sociedad y han aprendido con éxito a frenar las embestidas que pretenden aniquilarlos.
Los lectores de esta columna conocen muy bien a estos personajes. Tengamos en cuenta que la medida de un arribista es un arribista sin medida, pero desafortunadamente abundan tanto en el escenario político que se hace difícil fumigar.
Por todo lo anterior para destacar el perfil general del arribista , hemos de convenir que pasarán los años y ellos continuarán reinando.
El autor es periodista