Aprovecho la reciente visita del primer ministro surcoreano a Panamá para compartir experiencias y reflexiones que me dejaron el poder estudiar un semestre en Yonsei University, una de las universidades más prestigiosas de Corea del Sur.
Desde que llegué como estudiante de intercambio, me di cuenta del lugar tan importante que tiene la educación para los jóvenes coreanos. Al conversar con ellos era evidente lo mucho que se esforzaban para sostener un buen desempeño académico en la universidad, de manera honesta. Era muy difícil encontrarse con un comportamiento de “juega vivo”. En Corea se trabaja duro y no se espera encontrar un atajo para el éxito, especialmente uno que pisotee a los demás.
De mis vivencias puedo identificar cuatro elementos que, sin ser exclusivos, podrían explicar lo que encontré tan especial en Corea del Sur: el respeto hacia los otros, la calidad de los servicios públicos, un idioma amigable a los extranjeros y la compleja relación con Corea del Norte. Este último factor genera, a mi entender, un alto aprecio por la libertad y un deseo permanente de reunificación de la península.
Empiezo por el respeto a los otros, en especial hacia los mayores y/o superiores. Como en otros países de lejano oriente, hacer una reverencia al saludar a otros es acostumbrado entre los coreanos. Además se usa el idioma para expresar consideración hacia los demás, dependiendo de la situación. Un ejemplo de esto son las distintas maneras en que uno puede (y en las que es apropiado) dar gracias. Todo depende a quién se las estés dando y en qué situación. Decirle gracias a un niño se expresa de manera completamente diferente que agradecer a un jefe.
Servicios públicos de calidad: el transporte público en Corea del Sur es sin lugar a dudas el mejor que he usado. Por lo general, las ciudades grandes como Seúl y Busan tienen un sistema de metro excepcional, mientras que las ciudades más chicas y pueblos tienen su propio sistema independiente de buses, perfectamente eficientes. Especialmente en la capital coreana, el transporte público es tan eficaz que uno rara vez necesita usar un vehículo particular o taxi, incluso como turista. Se percibe que los carros particulares son usados por celebridades y gente pudiente solamente. Mientras usaba estos servicios diariamente, pensaba en lo crucial que son para darle calidad de vida a los ciudadanos, independientemente de su situación socioeconómica.
Otro factor que llamó mi atención fue el idioma coreano; un lenguaje concebido para ser de fácil aprendizaje y comprensión. Con tan solo 24 fonemas, leer palabras u oraciones en “hangeul” (sistema de escritura y lectura coreana) o por lo menos acertar en los sonidos correspondientes, no requiere un esfuerzo colosal, sobre todo comparado con otras lenguas de la región. Un idioma amigable a extranjeros facilita el intercambio comercial y cultural. Esto favorece una economía pujante y un país globalizado.
Para terminar, les comparto una anécdota y mi percepción sobre un factor fundamental de la idiosincrasia de Corea del Sur: su relación con sus vecinos del norte que viven bajo el régimen totalitario de Kim Jong-Un.
Un día como cualquiera, un mensaje oficial con una fuerte alarma nos despertó a todos en la residencia universitaria a las 6:30 a.m. El mensaje decía que era una emergencia nacional por un proyectil lanzado desde Corea del Norte hacia Seúl, y que debíamos prepararnos para evacuar la ciudad lo antes posible. Aunque 10 minutos después nos enteramos que todo fue una falsa alarma, el incidente fue un reflejo de la compleja situación que se vive en la península de Corea.
Si tuviese que describir la mentalidad surcoreana, diría que hay una extraña combinación entre el temor por lo que pueda hacer la dictadura norcoreana, la preocupación por lo que viven los hermanos del norte y una fuerte valoración de la libertad y la democracia que hay en el sur. Ambos gobiernos reclaman toda la península como su territorio y, por lo tanto, a todos los habitantes de ella como sus ciudadanos. Esta realidad geopolítica heredada de la Guerra Fría refleja además un deseo popular de reunificación entre los dos pueblos que fueron divididos por actores externos.
El autor es estudiante de la Universidad de Richmond, en Estados Unidos.
