Cada vez que se habla de Colón, las promesas resurgen: empleos, inversiones, carreteras, seguridad y turismo. Cambian los gobiernos, cambian los discursos, pero la sensación de los colonenses sigue siendo la misma: las palabras avanzan mucho más rápido que las soluciones.
Colón no necesita otro catálogo de promesas. Lo que urge es un nuevo pacto de gobernanza y desarrollo.
¿En qué consiste ese pacto? En comprender que el futuro de la provincia no puede depender de la voluntad del gobierno de turno. Se necesita una visión compartida entre el Estado, la empresa privada, los gobiernos locales, las universidades, las organizaciones sociales y la ciudadanía. Todos debemos remar en la misma dirección.
Colón posee todo lo necesario para convertirse en una de las provincias más prósperas de Panamá. Cuenta con la principal plataforma logística del país, puertos de clase mundial, la Zona Libre, una ubicación estratégica, un valioso patrimonio histórico y un enorme potencial turístico. Sin embargo, esa riqueza convive con altos niveles de desempleo, pobreza, infraestructura deteriorada y una creciente desconfianza hacia las instituciones.
Ese contraste debe movernos a la reflexión. El problema no es la falta de recursos ni de talento. Lo que ha faltado es coordinación, continuidad y una gestión pública capaz de convertir las oportunidades en bienestar para todos.
La gobernanza no es un concepto complicado. Significa que las instituciones trabajen de manera coordinada, escuchen a la ciudadanía, rindan cuentas y tomen decisiones pensando en el interés general, por encima de los intereses políticos o personales.
Durante décadas hemos visto proyectos que comienzan con entusiasmo y terminan abandonados; planes que cambian con cada administración e inversiones que pocas veces transforman la realidad de las comunidades que más lo necesitan. Ese ciclo debe terminar.
El desarrollo de Colón no puede medirse únicamente por la cantidad de contenedores que pasan por sus puertos o por las cifras del comercio internacional. El verdadero progreso se refleja cuando un joven encuentra un empleo digno, cuando una familia recibe atención médica oportuna, cuando las escuelas ofrecen educación de calidad y cuando los espacios públicos son seguros y dignos.
De igual forma, la seguridad ciudadana no se construye únicamente con más patrullas o más operativos. La mejor estrategia de prevención sigue siendo generar oportunidades. Un joven con educación, capacitación y acceso al empleo tiene mayores posibilidades de construir un proyecto de vida y alejarse de la violencia y la delincuencia.
Este nuevo pacto también exige compromiso ciudadano. Es indispensable exigir transparencia y rendición de cuentas a las autoridades, pero también fortalecer una cultura de participación, respeto por la ley y corresponsabilidad. Una democracia fuerte necesita ciudadanos comprometidos, no simples espectadores.
Las autoridades nacionales tienen una enorme responsabilidad, pero también los alcaldes, representantes, empresarios, líderes comunitarios, universidades e iglesias. Nadie puede resolver solo los problemas de Colón, pero tampoco nadie puede lavarse las manos frente a ellos.
Colón merece dejar de ser noticia únicamente cuando enfrenta una crisis. Merece ser reconocida por su capacidad para innovar, emprender, atraer inversiones responsables y convertirse en un modelo de desarrollo inclusivo para todo el país.
Las promesas generan expectativas; los acuerdos producen resultados. Por eso, este es el momento de menos discursos y más planificación; menos improvisación y más continuidad; menos confrontación y más cooperación.
Colón no necesita que le prometan un futuro mejor cada cinco años. Necesita comenzar a construirlo hoy, con instituciones sólidas, liderazgo ético y ciudadanos comprometidos.
Porque cuando Colón avanza, no solo gana una provincia. Avanza la logística nacional, se fortalece la economía, crece la confianza en las instituciones y gana Panamá entera.
La autora es abogada.

