Capaz uno de los grandes desafíos cuando se enseña economía es tratar de aterrizar conceptos abstractos en ejemplos tangibles. A nivel microeconómico, es fácil explicar cómo una persona decide distribuir su presupuesto o qué criterio debe usar una empresa para decidir en qué invertir. Sin embargo, cuando aumentamos los ceros y pasamos de miles a miles de millones, la discusión parece ponerse más compleja y toca traducir todo a un lenguaje más sencillo.
Los astrónomos tienen un dilema parecido con las dimensiones y las distancias. Decir que la Tierra está a 150 millones de kilómetros del Sol y que la Luna está a 384 mil kilómetros, para la persona promedio, es difícil de visualizar porque no son distancias comunes. Por ejemplo, la Ciudad de Panamá está a unos 15 mil kilómetros de Shanghái. Es decir, la distancia de la Tierra a la Luna es aproximadamente 13 veces ida y vuelta de Panamá a Shanghái. Con distancias mayores toca ser más creativos. Si imaginásemos que el Sol fuese del tamaño de una pelota de fútbol, la Tierra estaría a unos 25 metros, o más o menos a mitad de camino entre la portería y la media cancha. Esas ya son dimensiones que podemos entender porque podemos relacionarnos con ellas.
Apliquemos esta misma lógica a términos económicos. A dos años del cese de las operaciones de la mina, la actividad económica perdida por el país se estima en unos 3,500 millones de dólares. Nuevamente, ¿cómo podemos expresar esto en términos más claros para dimensionar el impacto?
El año pasado, el país creció, en términos de PIB, precisamente un poco más de 3,500 millones. Es decir, acumulando 2024 y 2025, el país hubiese crecido el doble de lo registrado el año pasado si la mina hubiera seguido operando. Veámoslo de otra manera: durante esos mismos dos años, logística, comercio y turismo crecieron aproximadamente 3,534 millones. Haber tenido la mina operando hubiese producido lo mismo que generaron comercio, logística y turismo juntos. Consideramos que comercio y logística son dos de las tres principales actividades económicas del país.
Ahora bien, pese a que la actividad económica implica que el dinero circula y genera beneficios tangibles, el reporte también informa que el Estado dejó de percibir aproximadamente 1,100 millones en regalías, incluyendo 600 millones solo en 2025. Esto equivale a nueve años de dividendos del Banco Nacional y la Caja de Ahorros. De hecho, en 2025, excluyendo el Canal, se recaudaron unos 643 millones entre todas las utilidades donde el Estado tiene participación. En otras palabras, un año de regalías casi duplicaría la recaudación en dividendos estatales.
No descuidamos tampoco la importancia del tiempo. Recientemente se propuso la medida populista de llevar la decisión sobre reabrir la mina a un plebiscito. Esta medida sería categóricamente irresponsable por varias razones, incluyendo el hecho de que solo la incertidumbre de un plebiscito volvería a disparar el riesgo país después de que logramos traerlo de vuelta al nivel de nuestros pares. Sin embargo, aterricémoslo a algo más sencillo. Asumiendo que se organizara rápidamente un plebiscito, estaríamos hablando de un periodo políticamente desgastante de no menos de seis meses. Es decir, habría que explicarles a los más de 227 mil panameños que esperan por un empleo que tendrán que aguardar al menos 12 quincenas adicionales para que se tome una decisión.
El atraso y la indecisión cuestan y no resuelven los problemas económicos ni legales del país. Panamá está en una situación en la que se necesita decisión y ejecución. Volver a tener debates políticos y no técnicos le quita sustento a miles de familias y retrasa el desarrollo que el país necesita. A veces es fácil perderse en la discusión teórica porque el papel lo aguanta todo, pero detrás de cada cifra macroeconómica hay personas. Y si no les ponemos rostro a esas cifras, resulta fácil hacer politiquería con el bolsillo ajeno.
El autor es economista.


