En el escenario global actual, la relevancia de una nación se mide, más que por su producción, por su capacidad de convocatoria para proponer soluciones a los desafíos comunes de alcance global, con visión compartida y responsabilidad colectiva. Este mes de enero de 2026, la Ciudad de Panamá se convierte en la sede del Foro Económico Internacional del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), un evento que va más allá de lo protocolar para consolidarse como el espacio de diálogo más importante de la región. Este posicionamiento fortalece aún más la proyección internacional de Panamá.
Para nuestro país, este encuentro trasciende el formato de una convención tradicional; representa la reafirmación de nuestro rol histórico como el puente que conecta al hemisferio, bajo una visión ambiciosa: convertirnos en el “Davos de América Latina”, como un centro de pensamiento de alto nivel geopolítico.
Desde la perspectiva de las relaciones internacionales, se reafirma el rol histórico de Panamá como punto de reunión natural de las Américas. Al recibir a más de 2,500 líderes, desde jefes de Estado de potencias como Brasil y Chile hasta figuras clave de la economía global, tomadores de decisión y la voz experta de un Premio Nobel, la nación recupera un protagonismo vital. Como bien ha señalado el ministro de Relaciones Exteriores, Javier Martínez-Acha, este foro inspira a la región a creer en su potencial desde una plataforma neutral y eficiente. Es aquí donde se logran acuerdos reales sobre seguridad alimentaria, el uso ético de la inteligencia artificial y la estabilidad regional que hoy el mundo tanto necesita.
La Cumbre de la CAF va más allá de la teoría para traducirse en proyectos tangibles. En lugar de centrarnos únicamente en el paso de mercancías, Panamá lidera hoy la discusión sobre la infraestructura resiliente y la protección de los ecosistemas. De acuerdo con declaraciones del presidente ejecutivo de la CAF, Sergio Díaz-Granados, este foro es un motor de productividad que se alinea con una proyección de inversión de $3,500 millones para el país en los próximos años.
Al encabezar estos debates, dejamos de ser espectadores para convertirnos en proponentes de modelos que atraen capital extranjero de alta calidad, interesado en la sostenibilidad, la transparencia y el desarrollo a largo plazo. Este proceso también fortalece el capital humano panameño, generando nuevas oportunidades de formación y empleo especializado que consolidan nuestra competitividad.
Eventos de esta magnitud aceleran acuerdos que, por vías tradicionales, tardarían años en concretarse. Un ejemplo es el fortalecimiento de los lazos con Brasil, usando la infraestructura de Panamá para que los productos sudamericanos lleguen de forma más eficiente al Caribe y Norteamérica. Esta “diplomacia de servicios” no es solo una ventaja logística, sino que fortalece nuestra posición frente a grandes bloques económicos y mercados emergentes, demostrando que el progreso de Panamá beneficia a todo el continente.
El éxito de este foro trasciende el beneficio inmediato en hoteles y comercios para fundamentarse en la reputación que consolidamos ante el mundo. Panamá está demostrando que es una nación estable, conectada y capaz de albergar el pensamiento estratégico necesario para que América Latina supere sus retos de crecimiento. En la política y la economía modernas, la confianza es el activo más valioso, y hoy el istmo está consolidando ese capital estratégico con visión de Estado para las próximas décadas.
Más que un anfitrión, somos un actor que inspira, que propone y que abre caminos. Este foro marca una etapa en la que Panamá deja de ser únicamente un puente y se convierte en el centro donde la región diseña y construye de manera conjunta su futuro. El mensaje es claro: Panamá no solo conecta al mundo, sino que ayuda a entenderlo y a transformarlo.
La autora es tercera secretaria de Carrera Diplomática y Consular.

