En Panamá, aún enfrentamos el desafío de asegurar que todos los jóvenes tengan las mismas oportunidades para desarrollar su potencial. Hay estudiantes con talento, disciplina y grandes sueños que, sin embargo, encuentran más obstáculos en su camino educativo que otros. No por falta de capacidad, sino por las circunstancias que los rodean, principalmente la situación económica de su familia.
Como país, tenemos la responsabilidad de reducir esas brechas y abrir más puertas, para que sean el esfuerzo y el talento los que definan el futuro de nuestros jóvenes y no sus limitaciones económicas.
Las cifras lo confirman. Según el informe Un sexenio perdido (2025), elaborado por Jóvenes Unidos por la Educación y la Fundación para el Desarrollo Económico y Social de Panamá (FUDESPA), el país perdió 490 días de clases entre 2020 y 2025, lo que equivale a más del 40% del tiempo lectivo de secundaria. Más de 800 mil estudiantes se vieron afectados por esta interrupción prolongada.
Pero más allá de las cifras, las consecuencias no fueron iguales para todos. Mientras miles de estudiantes del sistema oficial vieron interrumpido su aprendizaje, muchos colegios particulares lograron continuar su calendario académico, ya fuera de forma presencial o virtual; estos también se vieron afectados, pero en menor medida.
El impacto de esta pérdida de aprendizaje va mucho más allá de lo académico. El mismo informe advierte que estas interrupciones podrían traducirse en mayores niveles de informalidad laboral, deterioro del empleo juvenil y una caída proyectada de hasta 28% en los ingresos a lo largo de la vida para las generaciones más afectadas. Lo que hoy parece una crisis educativa terminará reflejándose mañana en mayores desigualdades económicas.
Luego de más de veinte años trabajando en el sector social, y desde distintos espacios para aportar a la mejora de la educación en Panamá, una conclusión se vuelve cada vez más clara: no existe una solución única para un problema tan complejo como lo es la educación de calidad. Pero sí existen herramientas que han demostrado su capacidad de transformar vidas. Una de ellas son las becas educativas basadas en mérito.
Cuando un estudiante con talento accede a una educación de calidad, su horizonte cambia. No solo aprende más; también amplía su visión del mundo y comienza a imaginar un futuro distinto. Las becas no son simplemente apoyo financiero. Son una señal poderosa de reconocimiento al esfuerzo. Le dicen a un joven que su dedicación tiene valor y que su talento merece una oportunidad.
Cuando estas becas se acompañan de orientación y seguimiento, su impacto es aún mayor. Se convierten en verdaderos instrumentos de movilidad social. Seis años de educación secundaria en un entorno académico exigente, con acceso a actividades extracurriculares, nuevos idiomas y experiencias formativas diversas, pueden transformar profundamente la trayectoria de un estudiante.
He tenido la oportunidad de ver esto de cerca. Jóvenes provenientes de entornos vulnerables o de familias con limitaciones económicas que obtuvieron una beca hoy son profesionales, dominan más de un idioma, contribuyen al desarrollo del país y han logrado que sus familias den un salto hacia una mayor estabilidad económica. Y, quizás lo más importante, se convierten en ejemplos cercanos para hermanos, primos y vecinos, fortaleciendo la aspiración de progresar a través de la educación.
En Panamá, no todos los jóvenes que culminan la educación media acceden a la educación superior y, quienes lo logran, no necesariamente la completan. Esta realidad se traduce en menores ingresos a lo largo de la vida para miles de jóvenes cada año. En este contexto, las oportunidades educativas adquieren un valor aún mayor, al convertirse en un factor determinante de movilidad y desarrollo.
Con esta convicción, la Fundación Sus Buenos Vecinos de Banco General ha impulsado durante más de quince años un programa integral de becas. Hoy, 243 jóvenes han completado su educación secundaria en colegios particulares de reconocida trayectoria gracias a este esfuerzo. Provienen de escuelas oficiales y muchos de familias con ingresos limitados. La gran mayoría ha continuado estudios universitarios en Panamá o en el extranjero, muchas veces gracias a nuevas becas obtenidas por mérito propio.
Recientemente, el programa se ha ampliado para incluir becas universitarias en el extranjero, con estudiantes en instituciones como el Tecnológico de Monterrey y la Universidad de los Andes. Los resultados comienzan a hacerse visibles: jóvenes profesionales que trabajan en empresas locales e internacionales, emprendedores que buscan abrirse camino y ciudadanos comprometidos con el desarrollo del país. Iniciativas de este tipo reflejan cómo el acceso a oportunidades educativas puede incidir directamente en la movilidad social y en la construcción de un país más equitativo.
Este mes se abre la convocatoria para estudiantes que cursarán séptimo grado en 2027, cuyas bases pueden ser consultadas en la página web de la fundación. El proceso forma parte de los esfuerzos por ampliar el acceso a oportunidades educativas para jóvenes con talento en el país.
Porque cuando el talento encuentra una oportunidad, no solo cambia la vida de un estudiante. Cambia también el futuro del país.
La autora es presidenta de la Fundación Sus Buenos Vecinos.


