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Cuando la honestidad cambia el partido

Cuando la honestidad cambia el partido
Adalberto Carrasquilla con la selección de Panamá, Archivo

Quienes hemos estado vinculados al deporte competitivo sabemos que, cuando un atleta sufre una lesión, debe existir un diagnóstico médico serio, preciso y oportuno.

Ese informe no puede quedar limitado al ámbito clínico; debe ser conocido por el director técnico, la comisión técnica de la respectiva federación y su junta directiva. Solo así pueden adoptarse decisiones responsables que privilegien el interés deportivo por encima de cualquier otra consideración.

Las recientes declaraciones de Adalberto Carrasquilla son claras, comprensibles y, sobre todo, honestas. Lejos de generar polémica por sí mismas, ponen al descubierto la falta de transparencia con la que, aparentemente, se manejó el proceso de selección de los jugadores que representaron a Panamá en la pasada Copa Mundial de Fútbol. Esa situación, por supuesto, no es responsabilidad del futbolista. Al contrario, su sinceridad ha permitido que la opinión pública conozca aspectos que nunca debieron permanecer ocultos.

Si el director técnico conocía el verdadero estado físico del jugador y sabía que existían escasas o nulas probabilidades de que pudiera participar plenamente en la competencia, resulta inevitable preguntarse por qué se ocupó un cupo que pudo haber sido aprovechado por otro futbolista en condiciones de competir.

Esa decisión merece una explicación seria y convincente.

Cuando las decisiones deportivas dejan de responder exclusivamente a criterios técnicos, inevitablemente surge la sospecha de que existen intereses ajenos al rendimiento del equipo nacional. Si ello ocurrió, sería una situación profundamente preocupante, porque la selección nacional pertenece a todos los panameños y no puede convertirse en instrumento de intereses particulares, económicos o comerciales.

Desde hace muchos años he sostenido que la falta de transparencia en la conducción de la Federación Panameña de Fútbol, incluso en asuntos elementales, constituye una debilidad institucional que debe corregirse.

La autonomía de las organizaciones deportivas jamás puede confundirse con ausencia de rendición de cuentas, mucho menos cuando administran importantes recursos económicos que el Estado panameño aporta, a través de la máxima autoridad deportiva del país, provenientes de los impuestos que pagan todos los ciudadanos.

Es cierto que ya no tiene sentido llorar sobre la leche derramada. Sin embargo, este episodio debe servir de lección. Sin proponérselo, Adalberto Carrasquilla, con la naturalidad de quien habla con honestidad, terminó iluminando zonas que durante mucho tiempo permanecieron en penumbras. Su testimonio invita a exigir mayor transparencia, mejores mecanismos de control y un compromiso real con la verdad.

Hace poco también fuimos testigos del intento del máximo dirigente del fútbol mundial de impulsar un modelo que muchos interpretaron como una creciente privatización del deporte mediante la entrega de importantes competencias a intereses empresariales. Panamá no debe recorrer ese camino. Tampoco puede permitirse que algunos clubes, que funcionan como sociedades con intereses económicos claramente definidos, utilicen la selección nacional como una plataforma para favorecer exclusivamente sus propios objetivos comerciales.

La selección nacional representa a un país entero. Debe responder únicamente al interés nacional y al mérito deportivo. Los clubes cumplen una función importante en el desarrollo del fútbol, pero no pueden olvidar que también forman parte de una comunidad deportiva donde valores como la solidaridad, la transparencia, la equidad y el respeto al interés colectivo deben prevalecer sobre cualquier beneficio económico.

La credibilidad del fútbol panameño no se fortalecerá únicamente con victorias dentro de la cancha. También dependerá de la confianza que inspire la forma en que se toman sus decisiones. Porque, cuando la transparencia pierde el partido, pierde todo el fútbol. Y, paradójicamente, no fue una investigación ni una denuncia la que puso este tema sobre la mesa. Fue la sinceridad de un futbolista. Sin proponérselo, Adalberto Carrasquilla les encendió la luz a quienes durante mucho tiempo habían preferido caminar entre las sombras. Ojalá esa luz no vuelva a apagarse, porque la transparencia no puede ser una excepción: debe convertirse en la regla que guíe el presente y el futuro del fútbol panameño.

El autor es abogado.


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