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Cuando la ingeniería devuelve autonomía: NERO y el futuro de la tecnología asistiva en Panamá

La discapacidad física existe. Con frecuencia se invisibiliza. No siempre ocupa un lugar central en la conversación pública, aunque en algún momento de la vida casi todas las personas hemos convivido, directa o indirectamente, con alguien que enfrenta una limitación en su movilidad. Pocas veces se reflexiona sobre lo que esto implica en lo cotidiano: la dificultad para realizar acciones tan básicas como abrazar a un familiar, tomar un vaso de agua o mover un brazo con autonomía.

A lo largo del año se realizan encuestas, foros y diagnósticos que colocan la discapacidad como un tema prioritario. Sin embargo, gran parte de estas discusiones no logra traducirse en soluciones concretas y accesibles para quienes las necesitan. En el caso de la discapacidad física, el problema no se resuelve únicamente con atención médica, sino con tecnologías de asistencia que permitan recuperar funcionalidad y autonomía, un acceso que sigue siendo limitado y costoso para miles de familias.

La magnitud del desafío quedó claramente expuesta en la Segunda Encuesta Nacional de Discapacidad (ENDIS-2), presentada en noviembre de 2025, la cual reveló que 781,478 personas en Panamá viven con algún tipo de discapacidad, lo que representa el 18% de la población nacional, equivalente a uno de cada seis panameños. Esta cifra no describe a una minoría aislada, sino a una parte significativa del país que enfrenta barreras persistentes en salud, accesibilidad y servicios. La encuesta también deja en evidencia una constante: para muchas familias, el principal obstáculo no es la falta de voluntad, sino el alto costo y la escasa disponibilidad de soluciones especializadas.

En este escenario, la ingeniería aplicada con enfoque social adquiere un valor particular. El proyecto NERO surge como una respuesta concreta a esta realidad. Se trata de un exoesqueleto de flexoextensión del codo para personas con parálisis o limitaciones funcionales en las extremidades superiores, diseñado para facilitar movimientos básicos del brazo y contribuir a la recuperación de la autonomía funcional.

NERO fue desarrollado por un equipo de estudiantes de la Facultad de Ingeniería en Sistemas Computacionales de la Universidad Tecnológica de Panamá, en su Centro Regional de Azuero, integrando sensores electroencefalográficos, electromiográficos e inerciales para crear un dispositivo de bajo costo. El proyecto nació durante la formación académica del equipo, a partir de una pregunta sencilla pero determinante: ¿cómo acercar tecnologías de asistencia a personas que hoy no pueden acceder a ellas debido a barreras económicas y estructurales?

El proceso no fue solo técnico. Implicó investigar las necesidades reales de los usuarios, diseñar con restricciones presupuestarias y validar cada etapa con criterios de funcionalidad y accesibilidad. El reconocimiento internacional que obtuvo NERO en Colombia demuestra que la innovación no siempre surge desde grandes industrias o laboratorios con altos presupuestos, sino desde equipos jóvenes que asumen la discapacidad física como un desafío de diseño y no como una condena.

Los proyectos innovadores no surgen del vacío; son respuestas directas a brechas que el país ya ha diagnosticado con precisión, pero que aún no logra cerrar de manera estructural. La ENDIS-2 no solo presenta cifras alarmantes: plantea una hoja de ruta que exige pasar del diagnóstico a la acción concreta.

El verdadero desafío está frente a nosotros y requiere decisiones inmediatas. Las universidades deben fortalecer líneas de investigación en tecnología asistiva con financiamiento sostenido y vínculos con el sector productivo. El sector salud necesita abrir protocolos para validar y adoptar dispositivos desarrollados localmente, reduciendo la dependencia de importaciones costosas. Las empresas tecnológicas tienen la oportunidad de invertir en soluciones que no solo generen retorno económico, sino impacto social medible y replicable en toda la región. Y el Estado debe crear políticas públicas que faciliten el acceso a estas tecnologías para las familias que más las necesitan.

NERO no es un punto de llegada, sino una demostración clara de lo posible. La pregunta no es si Panamá tiene el talento para desarrollar tecnología asistiva accesible; la respuesta es evidente. La pregunta urgente es: ¿cuánto tiempo más esperaremos para que estas soluciones salgan del aula y lleguen a las manos de quienes llevan años esperando recuperar su autonomía?

El autor es egresado del LLAC 2023 y participante del LLAC 2.0 2026.


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