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Cuando la regulación es un respiro para la salud de nuestros hijos

Cuando la regulación es un respiro para la salud de nuestros hijos
La lucha de Panamá en el tema del cigarrillo lo convirtió en el primer país del mundo en sancionar la prohibición absoluta de la publicidad, promoción y patrocinio de los productos de tabaco. iStock

En los últimos años, el mercado de los dispositivos de vapeo ha cambiado rápidamente. A los cigarrillos electrónicos con nicotina tradicional se han sumado nuevos productos que contienen análogos, como la 6-metil-nicotina: compuestos sintéticos diseñados para imitar los efectos de la nicotina, pero con ligeras modificaciones químicas que pueden potenciar su acción y, en algunos casos, aumentar su potencial adictivo.

La gran preocupación es que estos análogos están exentos de ciertas regulaciones en países como Estados Unidos, lo que ha permitido su venta sin evaluaciones rigurosas de seguridad, toxicidad o impacto en la salud. Esto no significa que sean más seguros; al contrario, estudios en animales sugieren que la 6-metil-nicotina podría provocar efectos neurotóxicos y sistémicos incluso mayores que la nicotina común.

El cerebro adolescente, en pleno desarrollo, es especialmente vulnerable a las sustancias que actúan sobre el sistema nervioso. La nicotina —y, por extensión, sus análogos— puede afectar zonas clave que regulan la atención, el aprendizaje, el estado de ánimo y el control de los impulsos. Consumirlas durante esta etapa aumenta el riesgo de dependencia temprana y de dificultades emocionales y cognitivas en el futuro.

Pero el riesgo no es solo cerebral. El vapeo de nicotina y sus análogos implica inhalar un aerosol cargado de químicos: solventes, saborizantes, metales pesados y partículas ultrafinas que penetran profundamente en los pulmones.La American Academy of Pediatrics (AAP) advierte que esto puede causar:

  • Irritación e inflamación de las vías respiratorias, con tos crónica, sibilancias y dificultad para respirar.

  • Lesiones pulmonares graves como EVALI o VAPI, que han provocado hospitalizaciones e incluso muertes en adolescentes y adultos jóvenes.

  • Alteraciones en la función pulmonar que reducen la capacidad de intercambio de oxígeno y aumentan la susceptibilidad a infecciones respiratorias.

  • Riesgo potencial de enfermedad pulmonar crónica si el uso es prolongado.

Estos productos, además, suelen presentarse en sabores atractivos —mango tropical, algodón de azúcar, menta helada— y con mensajes que minimizan sus riesgos, como “libres de toxicidad” o “sin nicotina”, aunque sí pueden contenerla. La publicidad y las redes sociales los proyectan como algo “moderno” y “socialmente aceptado” entre jóvenes, incluso en quienes nunca han consumido tabaco.

Una investigación reciente, publicada en Pediatrics (Sanchez LM, et al., 2025), revela que el 20.1% de los adolescentes y adultos jóvenes conocían estos productos y el 8.4% los había probado. Muchos de ellos también consumían nicotina tradicional, lo que implica una doble exposición. Esta combinación podría potenciar los efectos adictivos y tóxicos, ya que ambas sustancias actúan sobre las mismas vías cerebrales. Aunque los efectos a largo plazo aún se desconocen, expertos temen que acelere la dependencia y agrave el daño neurológico y pulmonar. Más inquietante todavía es que una proporción significativa de adolescentes que nunca han usado tabaco ya han oído hablar de estos productos, lo que aumenta la probabilidad de que los prueben en el futuro.

En este contexto, Panamá ha dado un paso importante con la Resolución 146 del Ministerio de Salud, vigente desde agosto de 2025, que regula el uso, venta, publicidad y consumo de dispositivos de vapeo, productos de tabaco calentado, nicotina oral y sus accesorios. Con estas medidas, el país se alinea con las recomendaciones de organismos internacionales y sociedades científicas como la AAP, que insisten en que proteger a los adolescentes del acceso y la exposición a estos productos es clave para frenar una nueva epidemia de adicción y daño pulmonar.

El aire que respiran nuestros hijos no debe estar contaminado con sustancias adictivas y potencialmente tóxicas. La aparición de los análogos de nicotina añade una capa más de complejidad a la lucha contra el tabaquismo juvenil.Porque, en definitiva, cuando la regulación es un respiro para la salud de nuestros hijos, todos podemos respirar —y dormir— mejor.

La autora es pediatra.


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