Ahora que hemos recuperado el interés por lo que nos ocurre, toca hacer balance. Debemos reconocer que la aritmética del caos nos da un resultado que no podemos controlar y que amenaza con desbaratar lo construido en este nuevo momento de conciencia nacional. El balance ha de hacerse, aunque parezca imposible ceder en medio de la protesta y a pesar de que quienes nos gobiernan hoy sean capaces de vender a su propia madre.
No solo debemos construir desde el conflicto (la pelea es peleando), también hay que hacerlo con una sabiduría que consiga mantener en pie el edificio social que podamos construir con lo que rescatemos de esta crisis. Citando a Salomón, «Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes tu mano», es decir, necesitamos encontrar el equilibrio que nos mantenga vigilantes, pidiendo cuentas, pero que también permita reactivar el país (la pelea es peleando), una sensatez que parece locura, pero que es fundamental para volver a caminar sin perder lo conseguido.
Necesitamos ciudadanos en la calle y en los despachos. Ciudadano no es solo el que enfrenta la lucha en la calle; lo es también el que intenta llegar a soluciones concretas desde allí donde pueda torcerle el brazo al sistema para que las cosas mejoren. Que nadie nos robe la calle, pero que tampoco nadie nos robe la sensatez, que nadie pretenda sumarnos a una lista de locos o de destructores cuando lo que se está peleando es que podamos seguir adelante.
Es difícil encontrar el equilibrio que nos devuelva de alguna manera a las rutinas de país. La responsabilidad de la falta de insumos, alimentos, o educación, no es de los que protestan ahora, es de los que nos han gobernado todos estos años. Tenemos que volver a reactivar el país. Es mucho tiempo hasta que se vea una solución real al conflicto o hasta que votemos en las elecciones para desalojar a lo peor que nos ha pasado como gobierno.
El autor es escritor
