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Cuando las palabras de los políticos caen en lo ridículo, ya no se pueden ignorar

Cuando las palabras de los políticos caen en lo ridículo, ya no se pueden ignorar
Inspección en distintos sectores de San Miguelito ante la crisis en la recolección de basura. LP Isaac Ortega

Las últimas elecciones del país dejaron una realidad clara: el panameño ya no quiere más de lo mismo. El aumento de diputados independientes evidenció un deseo colectivo de romper con prácticas políticas que, gestión tras gestión, no han resuelto los problemas de fondo. Las redes sociales han impulsado una transición desde una política basada en el amiguismo hacia una que exige rendición de cuentas. Sin embargo, la corrupción ha convivido tanto tiempo con nosotros que se ha incrustado en los engranajes más poderosos del sistema. En ese contexto se desarrolla lo ocurrido con la recolección de basura en San Miguelito, en enero de 2026.

El 19 de enero muchos esperaban comprobar si las promesas de la diputada Irma Hernández eran reales o si se trataba, una vez más, de la misma politiquería. La idea de reemplazar un sistema fallido durante años por uno nuevo generó esperanza. Tal vez —solo tal vez— algo estaba cambiando para mejor.

Como cualquier panameño, desconozco las verdaderas intenciones de los políticos, incluso de los independientes. No defiendo caudillos ni creo que alguien “salve” a un pueblo. Pero sí creo en la dignidad humana, y es imposible no notar cómo esa dignidad se ve atropellada en el discurso de las figuras políticas que defienden la centralización de la recolección de desechos en San Miguelito.

El administrador Ovil Moreno comentó en Telemetro Reporta que la AAUD asumiría el distrito por una “preocupación de no saber qué iba a pasar con la basura el 19 de enero”. Añadió que los contratos del Municipio de San Miguelito “no estaban avanzados ni ratificados”, y mencionó: “Eso fue ayer en la tarde”. Ahí surge la incoherencia. ¿Cómo se justifica una preocupación tan grave si aparece apenas el día anterior? ¿Cómo resulta más fácil improvisar una solución regional que ratificar contratos planificados y divulgados durante meses? Si la prioridad era garantizar el servicio, lo lógico habría sido continuar con la opción que llevaba tiempo preparándose.

Por otro lado, el contralor declaró en TVN que la alcaldesa lo presionó para firmar “de ya pa’ ya” y “a última hora”. Cuando se le preguntó si la alcaldesa había sido informada de la decisión de centralizar el manejo de los desechos, respondió: “No sé, ese no es mi trabajo; la Contraloría solamente fiscaliza”. Sin embargo, segundos después, admitió haber llamado a la alcaldesa para una reunión con Revisalud “por cortesía”. ¿Cómo se pasa de fiscalizador a mediador? Parece haber mayor preocupación por la cortesía hacia una empresa privada que por el intelecto de quienes tenemos que escuchar semejantes explicaciones. Incluso el honorable presidente reproduce una lógica similar, confirmando que comparte intereses afines a los antes mencionados.

Muchos de nosotros, ante la impotencia que generan explicaciones sin sentido, elegimos la ruta del desamparo. Nos resignamos repitiéndonos que así es Panamá, que siempre ha sido así, corrupta. Pero hoy me niego a vivir en un país resignado. Resignarse es olvidar que el poder sigue siendo nuestro.

Yo veo en el panameño a alguien que ama su patria. Y quien ama de verdad a este país quiere algo diferente para él. Amar a Panamá no es ponerse la camiseta de un partido; es entender que pisamos la misma tierra y compartimos una sola bandera. Es comprender que seguiremos teniendo los mismos problemas mientras tomemos las mismas decisiones.

Dejemos atrás el partido del familiar que promete coimas o puestos en el gobierno. Dejemos de aceptar explicaciones ilógicas. Dejemos de creer a quienes intentan dividirnos unos contra otros. Aprovechemos que vivimos en una democracia y que, cada cierto tiempo, la boleta nos ofrece una oportunidad real de cambio.

No se trata de buscar el próximo partido ni el próximo caudillo. La responsabilidad —nos guste o no— está en cada uno de nosotros. No te puedo decir por quién votar, pero sí puedo decir que merecemos un cambio. Tomemos nota y votemos diferente.

La autora es psicóloga.


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