Alguien en la antigüedad dijo. “yo sólo sé que no se nada”, a diferencia de ese pensamiento; hoy en nuestra sociedad, hay personajes públicos, funcionarios, que creen saber y que tienen la verdad absoluta, no consultan y actúan en función de aquella creencia. Lo cierto es que ya se han dado manifestaciones de que hay quienes no saben que no saben. Pero es tan grande el ego que gritan con voz en cuello que creen saberlo todo y son poseedores de todas las respuestas, se sienten la panacea encarnada, incursionan en el terreno del narcisismo y así se venden y tristemente son escogidos; nombrados unos desde los más altos niveles de la administración pública y electos otros por la comunidad electoral y aprovechan la escaza o inmadura cultura política ciudadana, la necesidad particular de muchos y las desesperanzas de otros; ayudados de la fuerza del ambiente mediático en general (“redes sociales”) que pocas cosas ciertas o con fundamentos exponen a la comunidad.
Así Ingresan a la administración pública en sus distintas instancias y es cuando se inicia la debacle.
Por ejemplo, la Asamblea Nacional, gran órgano del Estado, siempre me ha sido difícil adjetivarla, pero es mi percepción y sentir que la cultura de funcionamiento que se practica en dicha instancia estatal es irreverente a grado sumo de cara a la sociedad que los elige y a la cual deben brindar sus servicios en calidad y oportunidad. Pareciera que en los cambios y ajustes de cada quinquenio es invadida por virus cuyos efectos la hacen rayar entre el egocentrismo y narcisismo, unos lo adoptan, los nuevos, y los menos nuevos se adaptan a las nuevas mutaciones del virus. Sin embargo, la cultura generalizada de dicho órgano es harto conocida de todos; ocurra lo que ha de ocurrir el estatus quo se mantiene en ella y es invariable en cada vigencia de gobierno; para muestra un botón, reza un viejo refrán.
Veamos un ejemplo de actualidad, el comportamiento en la pasada discusión para la aprobación del Proyecto de Presupuesto General del Estado para 2025; aquello dista años luz entre el interés cuasi personal de cada quien por circuito electoral vs los intereses del país; como si la función de la Asamblea es de orden Circuital.
Sólo diré, parece no comprenderse que el país tiene un saldo de deuda tanto interna como externa mucho más allá de los 50mil millones; espero estén incluidos los últimos 1000 millones solicitados y negociados con el banco JP Morgan, para financiar el déficit presupuestario de la presente vigencia fiscal… Si, ello es así, significa tomar nueva deuda para financiar viejas deudas.
Entonces cómo incrementar en casi 3300 millones el Presupuesto General del Estado para la vigencia fiscal 2025; es decir un incremento de por lo menos 12.2% con respecto al presupuesto vigente. Pero es que el presupuesto es sólo eso, proyecciones de ingresos vs gastos corrientes+inversiones y pagos de deudas, todo lleno de esperanzas y de grandes deseos.
Producto de aquel acto, se generan serias consecuencias que considerar en las finanzas públicas y por ende en la economía nacional, tanto en presente como futuro.
Las manifestaciones de los mercados bursátiles internacionales no se han hecho esperar y registran baja en los precios de los Bonos de Panamá dado el aumento del presupuesto para la vigencia 2025; también dicen aquellas fuentes internacionales, que las ventas de bonos nacionales se ubicaron entre los peores de los mercados emergentes.
Pero la Asamblea parece ser otra de esas instancias del Estado que cree saberlo todo.
Pasando la hoja, se tiene al municipio capitalino, se ha leído, últimamente, en los diarios nacionales que pareciera estar o se vislumbra en él una generalizada acefalia, ¿o no hay red de mensajería electrónica que otorgue los llamados “likes” que logre una comunicación sana y coherente entre los escogidos para atender todos los asuntos que le son propios al municipio?
La población del municipio continúa en espera y se escuchan algunas protestas para que las obras y las acciones se den en el territorio y que los servicios públicos se atiendan, se brinden tal cual lo manifiesta y establece la Constitución Política del Estado.
La administración municipal no es lo que alguien o algunos creen saber que es, o que se atiende con un video desde alguna plataforma o red social; se trata de la calidad de vida, la seguridad poblacional y la movilidad urbana, etc. Del manejo correcto y responsable del erario público y no de apetitos personales para alimentar el ego y seguir creyendo que todo lo se y no logran ponerse de acuerdo.
Pero es que parte del mal está en que la Administración Pública Nacional adolece de manuales, de lineamientos generales para los municipios y alcaldes; entonces nacen y se alimentan los yo lo sé todo de mi ciudad.
Se requieren planes programas, proyectos; funcionarios con suficiente sentido común y calidad de servir, de lo contrario habrá mal uso de los fondos públicos, dinero del pueblo, que no verá resultados positivos ni respuestas a las necesidades sentidas de la población, las cuales continuarán como siempre y hasta ahora.
El autor es abogado, planificador